Bienes Comunes
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martes, 5 de junio de 2018


Vivencias de Feminismo Territorial en La Bandera: Movimiento y Transformación

Asamblea de Mujeres La Bandera
Movimiento Solidario Vida Digna


Abrimos este escrito para compartir la experiencia y reflexiones a partir de la práctica organizativa feminista de Mujeres en la población de La Bandera, ubicada en la periferia de Santiago. Práctica que lleva 3 años de camino, pero que proviene de una trayectoria de organización libertaria de casi 10 años, facilitada por lo que hoy es el Movimiento Solidario Vida Digna (MSVD).

Compartimos esta experiencia solo con el afán de socializar saberes, pues somos conscientes que cada territorio y organización crea su propio modo, prudente con su realidad, ideas y sentires, lo cual nos hace vivenciar de forma única cada acción política de liberación.

Para nosotras, nuestros fundamentos feministas han estado influenciados por varias corrientes, que descubrimos y hemos ido construyendo en el andar, sabiendo desde un inicio que somos mujeres de una clase, que por lo mismo trabajamos desde y para la liberación de esta, promoviendo la organización de nuestra comunidad, guiadas por la autonomía y autogestión de nuestras vidas, haciendo consciente día a día que es posible sacarnos de lxs cuerpxs diversas opresiones con las que cargamos, así también sabiendo que es el momento para interrelacionarnos desde otras formas de comprender el mundo, como dicen nuestras compas del Circulo de Puya ...donde la naturaleza, lo espiritual, lo corporal y lo político-económico funcionan como un todo, sin la jerarquización social a la que estamos acotumbradxs, la que borra el sentido de comunidad y antepone el exitismo y el dinero como única forma de vida, lo que hoy nos tiene en una crisis ecológica y social que pone en riesgo la vida de todo el planeta.

Ya escrito esto, les contamos nuestra experiencia.

...Reconocernos, acuerparnos y empoderarnos

Nos sucedió luego de varios años del agitado hacer político como MSVD -organización mixta-, llegó un momento donde las mujeres de la organización nos pausamos y comenzamos a reconocernos como hermanas en la lucha, a vernos como sujetas activas políticamente, capaces de crear y diseñar nuestras propias ideas y acciones políticas... fue el tiempo de sacar la voz, coherente con un pensamiento más maduro, también de ser capaces de vernos como colectividad, ver que éramos varias mujeres coincidiendo en este momento nos acercó aún más. Existió un acuerpamiento cotidiano, de cuidarnos, de compartir nuestras buenas y malas experiencias en los diversos caminos de cada una, de aceptarnos, de revelarnos el autoconocimiento de nuestras cuerpas; de convivir con nuestras coherencias y contradicciones en el infinito proceso de deconstrucción y co-construcción. Todo esto nos movió e influyó en nuestra organización, la cual fue mutando y creciendo entre todxs, sin haber una forma feminista explicita. Hoy sabemos, sin duda, que los cambios que sucedían en ese tiempo provenían de una fuerza feminista.
Circular conscientemente en la energía femenina y en lo político que habita en ella, movernos de lo colectivo a lo individual y viceversa, fue parte de un proceso que se hizo más concreto en este tiempo, lo cual nos nutrió y movilizó. Se encendió el fuego que nos permitió tener la determinación de encontrarnos, ya no sólo entre nosotras -mujeres activas políticamente-, sino también con nuestras vecinas y con las mujeres que se organizaban en el Movimiento. Fue el tiempo de gestar un espacio de mujeres con arraigo feminista. Hito de este proceso fue el “Primer Encuentro Territorial de Mujeres en La Bandera”, organizado con diversas mujeres y colectividades, lo cual reforzó un aprendizaje que ya venía de nuestro hacer como Movimiento, pero que tomó su propia especificidad ...redes entre mujeres <3.

Entendemos el trabajo en red, como uno de los pilares de nuestro hacer, no sólo en la importancia del apoyo mutuo, de la retroalimentación y complementariedad en los diferentes procesos de cada colectiva, sino también perspectivando colaboraciones más amplias en tiempos de reivindicaciones y exigencia social. De ahí la importancia de encontrar los tiempos de colaboración y de conocerse, pese a que resta dedicación a nuestros trabajos, sabemos que la retribución vendrá multiplicada y sumará finalmente a una totalidad transformadora.  



Conformándonos como Asamblea de Mujeres La Bandera

Iniciada la conformación de la Asamblea de Mujeres, parte de nuestro ejercicio de definición de ese momento lo vimos de esta forma:
“La Asamblea de Mujeres de la Bandera es un espacio en el cual, como mujeres pobladoras, nos encontramos para resolver nuestras necesidades e inquietudes, confiadas en que juntas tenemos el poder para lograrlo. Sentimos que es importante desarrollar iniciativas que apunten a crear espacios comunitarios de encuentro, solidaridad y trabajo conjunto con el fin de promover valores y prácticas como el autoconocimiento, las distintas dimensiones de la salud, la educación colectiva, el apoyo mutuo, los lazos de cariño y confianza y la autovaloración entre mujeres”.

Este tiempo estuvo marcado por espacios de autocuidado, mediante talleres para mujeres que aún desarrollamos de forma permanente, buscando reconectar y armonizar nuestra relación cuerpo-mente-emoción-espiritualidad, haciendo consciente la recuperación de nuestra cuerpa como primer territorio de resistencia. También facilitamos espacios de formación. En conjunto con La Alzada, Acción Feminista Libertaria, realizamos el “Taller Formación de Monitoras en Salud Sexual y Prevención del VIH - SIDA” con financiamiento del Fondo Alquimia, dirigido a vecinas y mujeres de los comités de allegadxs del Movimiento. En este espacio de encuentro se produjeron aprendizajes muy significativos, alusivos al conocimiento y apropiación de nuestras cuerpas, a nuestra salud, a los roles de género y diversas situaciones de violencia. Cada relato compartido acercó nuestras diversas historias de vidas, visibilizamos con claridad como las opresiones nos afectan de diferentes formas -interseccionalidad-... ¡Nos tuvimos que acuerpar un montón!

Igualmente, fueron muy sentidos los testimonios de violencia, que sin duda marcaron nuestro caminar, lo cual coincidió con uno de los primeros casos de violencia física contra una mujer de nuestra organización a la que tuvimos que acompañar. El primero de muchos, nos hizo ver la urgencia de buscar redes para formarnos y apoyarnos ante estas situaciones.

Siempre seguimos tejiendo redes con compañeras, en este caso fueron mujeres expertas en diversas temáticas. Ellas nos han educado y han aportado en nuestros procesos de liberación. Así también, con estos espacios educativos, aprendimos que nosotras mismas somos capaces de echar mano a la creatividad y adentrarnos al mundo de las metodologías participativas feministas ¡Todas podemos!



Fortaleciéndonos

La consolidación de nuestro espacio se ha dado lenta y fluctuantemente, siendo importante para nuestro territorio y comunidad seguir realizando Encuentros de Mujeres y abrir espacios de autocuidado.

Sumado a esto, lo que más ha marcado nuestro quehacer ha sido el “Ciclo de Educación y Concientización de Violencia contra las Mujeres”. Desde nuestra inexperiencia con el teatro, nos atrevimos a diseñar metodologías feministas, mezclando nuestros saberes como educadoras populares con técnicas del teatro y… nos dejamos fluir. Lo cual resultó en exitosas intervenciones teatrales desarrolladas en las asambleas del Comité de Vivienda, con el fin de visibilizar y problematizar, entre todxs y de manera participativa, diferentes tipos de violencia de género naturalizadas en nuestras vidas cotidianas. Cada semana abríamos un espacio sólo para mujeres al cual aprovechábamos de invitar a las vecinas que se sintieran identificadas y/o interesadas con las temáticas planteadas para profundizarlas, convirtiéndose en un espacio súper valorado por todas, logrando ser una red de apoyo y contención... comimos, hablamos y reímos harto también!

Desde esta práctica comprendimos la necesidad de promover espacios separatistas entre mujeres, inigualables en confianza, complicidad, seguridad y conspiración. En varias de estas sesiones trabajamos la hermandad entre mujeres -sororidad- para visibilizar y eliminar la constante competencia, agresión y prejuicios entre nosotras, comprendiendo que ha sido una enseñanza social del patriarcado y el capitalismo que sólo ha servido para dividirnos y debilitarnos como clase.

Este ciclo terminó con la participación de vecinas del comité que de a poco se sumaron a estas intervenciones, quienes además cumplieron un rol activo en la organización y coordinación de la marcha internacional contra la violencia hacia las mujeres el 25 de noviembre a la cual salimos a marchar con el comité como hito final.






Nuestro presente
Nuestro aquí y ahora es un sin fin de deseos y desafíos, más aún en la contingencia feminista que vivimos en nuestro territorio. Sabiendo que estamos en un momento histórico, hemos participado de coordinaciones y foros donde hemos compartido nuestros aprendizajes, reflexionado juntas, aprendido, y obvio, conspirado.
Queremos aprender de todo, seguir empoderándonos juntas, sacar la vergüenza, practicar autodefensa, educarnos en disidencia sexual, integrar a nuestrxs hermanxs migrantes, levantar iniciativas de economía autogestiva y cooperativa, compartir nuestros saberes… en fin, mucho trabajo por delante. Valoramos este tiempo, que ha sido de compañerismo, aprendizajes, trabajo colectivo y expansión ¡Nos hemos movilizado porque creemos que somos merecedoras, así como nuestras comunidades y territorios, de otras formas de vida!
Para nosotras, es de nuevo un momento de formación, también de reagruparnos. Reconocer una práctica organizativa fluctuante también ha sido una realidad, pero como es nuestra, tratamos de no tensarnos tanto para ir aprendiendo a ser operativas, con un ritmo que sea respetuoso con las realidades y necesidades de todas las integrantes de la asamblea. Cuestionando las auto-exigencias y las culpas impuestas por una forma de hacer política históricamente masculinizada que muchas veces no da cabida a la participación política de las mujeres más oprimidas. Vemos el resguardo del tiempo destinado para la organización, como una resistencia en el ritmo apabullante de la ciudad y de esta modernidad productiva capitalista que no se detiene; entonces abrirnos a la comprensión y la empatía también son acciones de esta construcción política, forman parte del reconocimiento de nuevas formas de militancia, del ir despojándonos de patrones aprendidos desde la masculinidad patriarcal.

Pese a esto, siempre el moverse apremia, estamos tensadas por situaciones que no esperan la reunión, la planificación, o el hacer del espacio educativo; nuestro territorio está más lleno de violencia que de amor, nuestras hermanas están viviendo situaciones de mierda que tienen que parar de una vez! ¡Es urgente hacerlo y organizarnos y apoyarnos en estas acciones!

Escribimos estás líneas pensando en nuestra hermana haitiana Miralda Moisé, asesinada por su pareja en mayo recién pasado, en La Bandera. Más allá de las fronteras impuestas, te abrazamos querida Esmeralda! En nuestras luchas estará tu memoria y la de tantas otras.















miércoles, 16 de mayo de 2018

Mujer Rural y trabajo en el capitalismo global


                                                                                                                                            Mafalda Galdames Castro

Para iniciar este tema inevitablemente debemos ubicarnos en el tiempo y contexto mundial que estamos viviendo: La globalización y sus formas de integración regionales que como materia de análisis, son múltiples y nos llevan a convocar diferentes áreas y problemáticas que inciden sobre esta situación, que nos hacen transitar desde sus características internacionales, hasta llegar a los efectos locales que produce este proceso de capitalización creciente, con restricciones de los contratos y prestaciones sociales, con migración masiva desde diferentes territorios con sus correspondientes expresiones de racismo, discriminación y explotación laboral en aumento para favorecer las arcas de los señores capitalistas y las grandes corporaciones que se encuentran desarrollando a sus anchas la fase extractivista en el mundo.

Porque la globalización, a diferencia de otros procesos económicos que nos antecedieron, es un proceso inédito, por la extensión que tiene sobre nuestro sistema planetario, por la profundidad y velocidad en que se ha implantado, transformando las relaciones culturales, económicas, sociales y comunicacionales de la humanidad y que, amparado en un modelo ideológico de penetración de instituciones y corporaciones que detentan el poder económico bajo dimensiones ilimitadas, dictamina programas, convenios internacionales y reglas para aplicar desde los países ricos hacia los países pobres.

El proceso de globalización tiene la capacidad de funcionar como una unidad en tiempo real a escala planetaria, por lo tanto, las decisiones y las actividades que se desarrollan en un lugar tienen repercusiones simultáneas en otros muy distantes, porque además se cuenta con el avance tecnológico de la informática y las comunicaciones.

Las economías nacionales en este contexto pierden su autonomía, y se rearticulan bajo ajustes estructurales que les permitan insertarse plenamente en esta “unidad globalizada” bajo procesos de transacciones, negocios, convenios y tratados internacionales (TPP) y de esta manera entrar en el concierto internacional, que opera bajo la lógica del mercado, que lideran las transnacionales y las grandes compañías, suplantando todas las formas anteriores que sustentaban la industria nacional.

No olvidemos que hasta el año 73 en Chile existía el Estado de Bienestar, se desarrollaba la industrialización por sustitución de importaciones, en manufacturas como cuero y calzado, textiles y confección de vestuario, en aceros y sus derivados, producción agrícola nacional de alimentos básicos bajo la Ley de Reforma Agraria (aceite, cereales, azúcar) y explotación de recursos naturales y minerales, la nacionalización del cobre fue en beneficio del desarrollo de la economía nacional, existía educación y salud pública. Los sindicatos de trabajadores que conformaban los cordones industriales eran poderosos y con alto poder de negociación. Todo este sistema de bienestar fue destruido con el golpe cívico militar, que fraguó la quiebra de las industrias y al amparo de una Reforma Laboral se persiguió a los sindicatos, se produjo una contra reforma agraria y se inicia un proceso de privatización de los bienes comunes y servicios con medidas urgentes amparadas en decretos con fuerza de ley para sustituir el Estado de Bienestar por un Estado subsidiario. En resumen, nos convertimos en el modelo para América Latina de un Estado capitalista neoliberal.

En la actualidad los flujos de capitales se volatilizan, las empresas reeditan o crean nuevas relaciones laborales, la organización del trabajo se flexibiliza. En definitiva, el llamado “ajuste estructural” es el cambio del marco regulatorio nacional e internacional para adaptarlo a los requerimientos de la globalización. En nuestro país el ajuste estructural se aplicó de manera dramática y drástica -como ya hemos mencionado- bajo el régimen militar; y los diferentes gobiernos que le han sucedido han perfeccionado este modelo, adaptando la economía nacional a los requerimientos de la globalización que ha implicado profundas transformaciones en el área de la salud, la educación, los bienes naturales y los servicios.

En este contexto, hombres y mujeres entran en condiciones desiguales al proceso de reestructuración, dadas las características de los sistemas de relaciones de género que caracterizan a las sociedades actuales. Son las mujeres las que sostienen parte importante de este proceso, debido a la división sexual del trabajo. Aquí debemos agregar la responsabilidad del cuidado de las familias, pues si no existen las garantías sociales que les permitan disminuir el trabajo doméstico, la carga laboral se intensifica.

Bajo este ajuste, son estas mismas responsabilidades familiares, las que hacen a las mujeres más vulnerables a la precarización de los empleos, debiendo aceptar trabajos de menor calidad, mal remunerados, sin las mínimas garantías laborales ni de seguridad social, a cambio de un sistema flexible de trabajo que le permita compatibilizar ambas responsabilidades: o sea el trabajo doméstico y el remunerado.

Para las autoras Virginia Guzmán y Rosalba Todaro[1], la mayor vulnerabilidad de las mujeres que deriva de esta doble exigencia forma parte de la estrategia desreguladora del mercado laboral. Ellas sostienen que la discriminación de las mujeres en el mercado del trabajo, o sea -la división entre ocupaciones masculinas y femeninas, a las que se le atribuye distinto valor- asegura una mano de obra barata para un conjunto de actividades y formas de relación laboral necesarias para el funcionamiento de la economía, principalmente en la manufactura y la agricultura de exportación, y áreas de servicios y de apoyo a las empresas globales.

Las condiciones desiguales, se agravan con la privatización de las prestaciones sociales y la seguridad social, abandonándose por parte del Estado el principio de solidaridad, y muy por el contrario, fomentando a través de propaganda engañosa, el aporte y la capitalización individual, que incide sobre toda la población; pero afecta en mayor medida a las mujeres trabajadoras, pues la reproducción humana como bien social, pasa a representar un costo que debe ser asumido por el sexo femenino. Un claro ejemplo de esto es que las mujeres en edad fértil, tengan o no hijos, deben pagar planes más altos en el sistema de salud previsional, por el riesgo que supone mayor demanda y por lo tanto gastos de atención en salud mayor que los hombres.

Si en el medio urbano, las mujeres jubiladas gozan de pensiones menores que los hombres, debido a su mayor porcentaje de esperanza de vida, más baja aún es la pensión cuando los aportes en su vida laboral activa son producto de las remuneraciones inferiores que reciben de pago. Las mujeres rurales, aún trabajando toda su vida en el sistema temporal de la agro-exportación podrán recibir una pensión de jubilación digna. Muchas mujeres campesinas que, por diversas razones, ya sea por procesos migratorios o expulsión del campo a la ciudad precisamente por la restructuración agrícola, encuentran una alternativa económica en el trabajo temporal de la agricultura de exportación o como ocurre en las provincias del sur en las empresas de producción y procesamiento de mariscos y salmones, se encontrarán al final de su camino en esta situación de orfandad previsional.

Desde sus inicios, las mujeres de poblados rurales, con necesidades urgentes de ingresos monetarios, se incorporan a un trabajo moderno, pero flexible y precario. Desde ese punto de vista, el trabajo estacional fue tomado como una posibilidad de generar ingresos, en un corto tiempo, incrementar su poder adquisitivo y acceder a una mejor calidad de vida para ellas, sus hijos e hijas.

Si bien es cierto que aún en condiciones de trabajo desiguales, precarias, de relaciones laborales inestables y escasa protección previsional, ha habido un aumento sustantivo en la incorporación de las mujeres al trabajo, también ha significado un avance en la toma de decisiones al interior de las familias y una mayor capacidad de autonomía personal y económica. Para las mujeres la generación de ingresos propios, la ampliación de las relaciones interpersonales y el aprendizaje de nuevas competencias van cambiando la percepción de su propia imagen y la valoración de su inserción en el grupo laboral y organizacional en el que interactúan.

En el sector de la agricultura, la división del trabajo por sexos está muy caracterizada bajo el sistema patriarcal. En los países en desarrollo la mujer desempeña un papel crucial en el sector agropecuario, especialmente en las economías familiares campesinas, en la producción y elaboración de los alimentos. En Chile, por ejemplo, las mujeres tienen a su cargo el manejo y cultivo de los huertos, desde que se inicia el proceso con la selección y cuidado de las semillas, la preparación del terreno hasta la cosecha, con una preocupación constante por la limpieza de hierbas, la aplicación de abonos en las hortalizas y verduras que constituyen el sustento alimenticio del hogar. Tienen a su vez un papel destacado en el manejo de otras actividades como crianza de animales menores (ovejas, corderos, cerdos, conejos) también de aves y producción de huevos, que contribuyen de manera significativa en las economías familiares campesinas.

Patricia Bifani, nos refuerza la tesis de que “la mujer es el pilar de las estrategias de sobrevivencia de las economías campesinas”, cuando nos dice que, mediante el desempeño simultáneo de una multiplicidad de tareas, les hace frente a los problemas generados por el deterioro de los salarios y el mayor costo de la canasta básica de alimentos, así como por la consiguiente disminución de la capacidad de compra per capita. Las estrategias de sobrevivencia adoptadas más corrientemente consisten en la diversificación de la producción, y por lo tanto de las fuentes de ingreso, producción para el autoconsumo, para la solidaridad familiar, comunitaria y local.

Muchas veces además, hay que agregar el trabajo fuera del predio agrícola o parcela, como trabajadora asalariada agrícola o bajo otras modalidades, donde el trabajo se torna más pesado sobre todo en el caso de las mujeres jefas de hogar. Aquí vemos que la posición subordinada de la mujer en el mercado laboral y en el hogar está interrelacionada y forma parte de un mismo sistema patriarcal. La asignación de trabajos a las mujeres en la mayoría de los casos son una extensión del trabajo doméstico (educar, cuidar a los niños, limpiar, servir, etc.) y como este se encuentra devaluado en la mayoría de las sociedades, también se desvaloriza lo que se le parece.

La gama de actividades de las mujeres en la agricultura es tan variada y está tan interrelacionada al sistema de comportamientos que se realizan al interior del “sistema agrícola” que implica una categoría de comportamientos que deben ser estudiados según las actividades y su importancia, el grado de independencia de las mujeres para realizarlas, por ejemplo, responsabilidad única, responsabilidad compartida, forma de gestión de los recursos, grado de autonomía, etc. Como también las limitaciones y condiciones generales que conlleva la división del trabajo en el hogar, el cuidado de los hijos, el abastecimiento de agua y combustible. También encontramos otras actividades productivas extra-agrícolas, como preparación de mermeladas y licores, artesanías y otras generadoras de ingresos como el trabajo asalariado temporero, empleo doméstico, etc.

Y además su participación en organizaciones gremiales, funcionales y territoriales, entonces quedamos absolutamente convencidas que existe una subvaloración de la participación de las mujeres en el trabajo agrícola. Las estadísticas oficiales no la asumen en igualdad de derechos frente a los hombres en la producción agrícola, lo que se ha reflejado en una falta de información periódica y sistemática, que las invisibiliza, pero que además ha contribuido a que en la mayoría de los países no se efectúen políticas y estrategias de desarrollo coherentes con el papel preponderante de la mujer en la actividad agropecuaria y las economías familiares campesinas.

En Chile, las políticas agrarias enfatizan la agro exportación como elemento primordial para la generación de divisas y sustento del modelo político neoliberal, las unidades campesinas, por lo tanto, cada día se ven enfrentadas al abandono y el inminente peligro de desaparecer, porque no son consideradas como sistema agrario rentable.

Además, existen otros factores que influyen en la invisibilidad del trabajo femenino, como por ejemplo el trabajo de las mujeres en calidad de mano de obra familiar, o como ayuda, o como extensión del trabajo doméstico, o sea, no remunerado, y cuando lo hacen desde el trabajo temporal, no está sujeto a regulación social ni previsión social permanente.

Por otro lado, los obstáculos que enfrenta la mujer rural para obtener derechos sobre la tierra y la discriminación de que es objeto por razones ya anteriormente expuestas, le impide acceder en igualdad de condiciones a beneficios y créditos rurales, constituyendo un agravante más en la situación de pobreza y marginalidad a la que se está sometiendo al campesinado, llevando a mujeres y hombres del campo a vivir bajo permanente precariedad y por consiguiente amenazando con la soberanía alimentaria de los pueblos.

Para asegurar la permanencia de las familias campesinas en el campo y de los jóvenes de ambos sexos, evitando la migración a las ciudades, donde el trabajo les es mezquino y muy por el contrario les espera el desempleo que trae problemas como vagancia, drogadicción y delincuencia. Debemos mirar hacia el futuro y para ello proponemos que se deben conjugar varios criterios, entre los más importantes a mi modo de ver, están la necesidad de exigir la implementación de políticas públicas coherentes para toda la población rural, con empleos que aseguren un equilibrio y bienestar para los trabajadores/as y sus familias, con redistribución de los ingresos, etc. No excluyente, no discriminatorio, no sexista ni clasista, no basado en el gran capital, sino en la humanidad basado en las personas y en una mejor calidad de vida.

En el Año Internacional de la Mujer Rural, es urgente y necesaria la necesidad de salvaguardar la permanencia de una población rural dinámica activa, con una estrategia de valorización integral del espacio rural: tierra y territorios, trabajo agrícola, resguardando la soberanía alimentaria con una producción sana de alimentos, comercialización de productos bajo sistemas locales equitativos, ferias de comercio directo del agricultor al consumidor, cultura rural, educación, salud y servicios eficientes y no inferiores a los de las grandes ciudades y la vida urbana.






[1] el Género en la economía, Rosalba Todaro y Regina Rodríguez, CEM, 2001.

martes, 8 de mayo de 2018

Encuentro de Mujeres Defensoras de la vida y los territorios en Curanilahue: Forestal versus vida




Por Carla Cimarrona y Josefa Pino
marchamujeresbiobio@gmail.com


El Encuentro de Mujeres Defensoras de la vida, realizado los días 2, 3 y 4 de marzo de este año en la “Recuperación Construyendo Futuro” altura río Rana, Curanilahue, surge como una necesidad vital y un llamado a la solidaridad entre mujeres para reunirnos y encontrarnos entre nosotras, junto a las compañeras de la “Recuperación Construyendo Futuro”, quienes hace dos años recuperaron cuatro hectáreas de la Forestal Arauco. En esta recuperación las compañeras están ejerciendo el derecho a la vivienda donde sólo hay hacinamiento; poniendo en primer orden la tierra para quien quiere habitarla y no para quien quiere explotarla, ejerciendo el derecho a vivir en comunidad donde sólo hay monocultivo y sequedad.

La Recuperación cumplió recientemente dos años desde que alrededor de 60 familias se organizaron e iniciaron acciones sobre un terreno que utilizaba la empresa forestal para el monocultivo de especies introducidas (pino y eucaliptus), en una comuna donde el 94.5% de la tierra está en manos de este negocio extractivista. Han sido dos años de intensa determinación, de acampe, de construcción, de resistencia contra la represión y contra lo económico, así como contra lo legal.

Desde mayo de 2016, las y los pobladores han enfrentado el continuo hostigamiento de la empresa Forestal Arauco S.A., a través del accionar de Carabineros y el constante acoso de la propia mafia forestal, con prácticas que se han centrado en la individualización y criminalización de las mujeres, sobre tres de las compañeras que llevan adelante este proceso en Curanilahue, Elvira Sánchez y recientemente las hermanas Violeta y Alejandra Araneda. Las compañeras han tenido que enfrentar procesos judiciales irregulares, deficientes para/con su defensa y grandes costos económicos y emocionales. Elvira, quien ni siquiera reside en la Recuperación sino que en solidaridad apoyó la organización, hoy se encuentra individualizada, con antecedentes judiciales y orden de alejamiento de la toma, además de seguir enfrentando el persistente acoso e inseguridad que la rodea; mientras las hermanas Araneda afrontan una demanda interpuesta por la empresa forestal que las expone a riesgos de prisión, multas, desmantelamiento de sus casas y las responsabiliza del desalojo de la totalidad de las personas que viven en el terreno, lo que las mantiene en estado de alerta y desasosiego.

Así, el encuentro realizado de manera autogestionada, surgió por la necesidad de reunirnos y solidarizar con las compañeras de la “Recuperación Construyendo Futuro”, quienes se encontraban en un momento de cansancio y desgaste, porque sabemos que poner el cuerpo en la organización y en la lucha produce agotamiento y porque nuestro enemigo es grande. Por todo eso, era necesario encontrarse de manera amorosa y afectiva entre mujeres que llevan a cabo distintas luchas, era necesario para que todas supiéramos que no estamos solas, sino reunidas e implicadas.

Ante este llamado a encontrarnos, asistieron compañeras de distintas organizaciones y ciudades: la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres del Biobío y Ñuble, el Colectivo de Salud Tatu, el Círculo de Puya, la Línea Aborto, la Red de Organizaciones Culturales Comunitarias del Biobío, la Marcha Mundial de las Mujeres Fiofío, la Coordinadora Chorera, ANAMURI, el Colectivo teatral Nuestras Manos, las Lesbianas y Feministas Autoconvocadas, Adelitas, el Colectivo La Huacha, compañeras de Rari, Santiago, Valparaíso, Concepción, Tomé, Chiguayante, Lota, Osorno, Río Bueno, Córdoba, el Bolsón, entre otras organizaciones y lugares. Estuvieron también junto a nosotras las compañeras y compañeros que, sin poder asistir, igualmente colaboraron en la organización y logística, prestando artículos, facilitando instancias y coordinaciones, expandiendo así la red que hizo posible esta actividad.

Acampamos en la Recuperación junto al Río Rana, tocándonos noche de luna llena, acompañadas de la música y poesía de Rubí Monroy entre otras compañeras; conmemoramos las siembras de Berta Cáceres y Macarena Valdés y participamos juntas en las jornadas, donde nos conocimos, compartimos la comida y algo calientito, y cruzamos nuestras historias de vida.

Dentro de las jornadas de trabajo hubo un taller de iniciación a la autodefensa feminista facilitado por Catalina Sime cuyo objetivo era concientizar sobre los saberes de poder y la fuerza que cada compañera trae consigo, para luego expandirse a preguntas como ¿Cuál y cómo es el territorio que protegemos? ¿De qué manera se atenta contra éste? ¿Quiénes están involucrados? ¿Es posible distinguir, claramente, al “enemigo”? ¿Qué recursos tenemos y podemos desarrollar?

Hubo también otros dos círculos en el eje de Cuerpo, Territorio y Resistencia, facilitados por Caro Sandoval, que invitaron a compartir relatos cotidianos de las otras, en sus biografías y en sus historias de violencias pero también sus historias de rebeldías, alegrías y victorias. Concientizando las afecciones y cansancios que provoca este sistema salvaje y lo que conlleva la organización y resistencia contra procesos de persecución y criminalización, estos círculos instaron también al acuerpamiento. Entre relatos, cantos y convicciones políticas, revitalizamos nuestros cuerpos-territorios para así seguir sosteniendo, defendiendo y recuperando los territorios-tierra que habitamos.

Este Encuentro respondió también a la necesidad política de organizarse, articularse y visibilizar la criminalización contra las mujeres en la lucha social, así como de reafirmar la importancia de la defensa de nuestros cuerpos-territorios. En ese sentido se siente la sincronía y urgencia de levantar encuentros territoriales, coordinaciones, de enlazar, sembrar, compartir, organizarse y enfrentar juntas y juntos a un sistema que depreda nuestros tiempos, los cuidados, la tierra, las aguas, la vida, nuestras vidas.

El trawün nos proporcionó el espacio-tiempo para el nütram/dialogar, conocernos y articularnos en una red de mujeres defensoras de la vida y los territorios, que ha permitido acompañar y generar acciones en solidaridad con las compañeras de Curanilahue, buscar apoyo judicial para enfrentar las demandas interpuestas, visibilizar el abuso de la actividad forestal sobre los territorios cuerpo-tierra a través de redes sociales, puntos de prensa, entre otras acciones, y reafirmar las convicciones de las compañeras que sobrellevan la toma.

El Encuentro de Mujeres Defensoras de la Vida llevó ese nombre precisamente porque nos reunimos algunas de las que sabemos que este sistema enfrenta al capital versus vida, algo que ya le ha costado la vida a compañeras como Berta Cáceres y Macarena Valdés, cuya lucha ha sido sembrada por todo nuestro territorio. A la luz de la reunión y la necesidad de actuar, es que este diálogo es fruto del tejido vivo que abrió su cauce con el Encuentro, y antes de eso, con la lucha misma de compañeras como Elvira, Violeta y Sita Ale.

¡Por la tierra, el agua y la vida, fuera las forestales!
¡Macarena Valdés semilla viva!
¡Berta Cáceres vive en el corazón de todas las rebeldías!
¡Machi Francisca Linconao inocente!

Red de Coordinación de Encuentro Mujeres Defensoras de la Vida y los Territorios



miércoles, 6 de diciembre de 2017

Marcha Mundial de las Mujeres Fiofío: feminismo contra el extractivismo



Josefa Pino, Karin Velásquez, Vania Ochoa, Carla Cortez


El modelo económico de Chile está caracterizado por un neoliberalismo que promueve el lucro insaciable y ambicioso de algunos grupos económicos quienes consiguen sus riquezas capitalistas a expensas de la explotación y devastación de los recursos naturales, por medio de actividades extractivas intensas y a gran escala, concretamente en el desarrollo de la minería, proyectos hidroeléctricos, las forestales, celulosas, las plantas salmoneras y la pesca industrial, entre otras, impactando en comunidades urbanas, rurales, campesinas e indígenas, quienes sufren un constante y continuo deterioro en su calidad de vida y bienestar, al ver amenazadas y/o vulneradas sus fuentes laborales, su soberanía alimentaria, su educación, su salud e incluso su cultura.

Para comprender cómo se ha ido desenvolviendo este panorama hasta la actualidad, es necesario volcar la mirada hacia atrás y construir un breve contexto histórico regional de nuestro territorio.

La octava región de Chile se nombra como la región del Biobío, que según cronistas españoles corresponde a una derivación de “hui-hui”, como imitación al ruido “que hacen las olas mansas cuando se encrespan”. Los y las mapuche llaman a este río Butalebu, que significa río grande. El río es un factor importante en la identidad regional, ya que ha condicionado la vida de sus habitantes, influyendo en distintos aspectos, desde la conformación de asentamientos urbanos, el crecimiento económico, hasta expresiones artísticas y políticas. Se conforma geográficamente como una frontera natural e histórica entre diferentes comunidades, ya que alrededor de su territorio se forma una cultura de conflictos, resistencias y encuentros.

Si nos basamos en la historia de Chile, con sesgo europeo, uno de los primeros encuentros en esta región se dio entre españoles y mapuche, más bien se trata de una relación de sometimiento por parte de españoles y de resistencia por parte de mapuche. En estos acontecimientos las mujeres mapuche cumplieron roles fundamentales en periodos de alzamientos y guerras, por medio del trabajo de las tierras, del cuidado de los lov[1], así como de la propia resistencia.

Tras los procesos independentistas, el Estado de Chile cumple su parte en esta historia de sometimiento, aisla a sectores periféricos de la región y despoja de sus territorios tanto al pueblo mapuche como también a familias campesinas para entregarlos a grandes latifundistas. De esta manera, durante los siglos XIX y XX la construcción de Estado tanto en nuestra región, como hacia el sur del país, se basó en la colonización y capitalización de los territorios y sus recursos naturales, entregándolos a empresarios nacionales y extranjeros. Ejemplo de ello es la extracción de carbón en el Golfo de Arauco, que contribuyó al crecimiento económico e industrial de la región, como también al crecimiento político del proletariado. Y es que el reverso de la explotación natural-humana en la región se expresa en su historia de organizaciones; no sólo los trabajadores del carbón adquirieron conciencia de clase, las mujeres ligadas a la mina del carbón desempeñaron papeles claves en el desarrollo de la vida política-social en Lota.

Las mujeres lotinas entretejieron la vida en el Subsole, transmitiendo una tremenda fuerza identificadora y de resistencia. Así, desde los cuidados familiares en espacios comunitarios como los lavaderos, quincenas, hornos y pabellones, hasta sus luchas reivindicativas en momentos de crisis, ocupando espacios entendidos tradicionalmente como masculinos, es decir, en las huelgas, asambleas o espacios de discusión, entre otros. Legitiman sus acciones y movilizaciones desde sus discursos como madres y esposas sostenedoras de sus familias, y al mismo tiempo, como mujeres empoderadas de un discurso en base a la solidaridad de género y clase como mecanismo de sobrevivencia.

Otros casos a nombrar que han potenciado el trabajo y la vida política-social de la región son la Fábrica Textil Bellavista Oveja Tomé y la Compañía Siderúrgica Huachipato.

Más tarde, en la Dictadura Militar y durante los gobiernos de la Concertación, se pone fin a los procesos de industrialización local, privatizando los principales servicios y derechos de la población. Por ejemplo, en la década de los noventa en el Alto Biobío se dio pie a la construcción de la central hidroeléctrica Ralco, iniciándose el deterioro del ecosistema del río Biobío, afectando a la región misma y a su población. Además, la sustitución de los suelos y los bosques nativos por la industria forestal y el monocultivo, acrecentó la devastación de los ecosistemas, así como también ha potenciado el desplazamiento de comunidades y legitimado la militarización de territorio mapuche, mientras que por otro lado, vino a dar respuesta -en una primera instancia- al desempleo que causó el cierre de industrias como la de la minería.

El confluir de las actividades pesqueras, forestales, mineras, energéticas y agrícolas han hecho de este territorio una zona de sacrificio, una región extractivizada. Este entramado contiene procesos de proletarización, colonización, conciencia de clase, racismo, machismo y explotación de tierra y mar que nos devela las complejidades de la relación con el trabajo, la naturaleza, los cuidados y la comunidad.

Marcha Fiofío, un proceso que recién comienza

Por todo lo anterior, nos parece coherente y fundamental hacer el cruce de feminismo y extractivismo, entendiendo que no podemos desvincular la defensa del territorio-cuerpo de la defensa del territorio-tierra en un contexto donde el funcionamiento de la economía ha consolidado un modelo de explotación y extracción de materias primas que ha instalado en las comunidades una economía productiva masculinizada, que enfatiza la división sexual del trabajo, y que antepone la acumulación de la actividad extractiva por sobre las condiciones reales.

De este modo, el cuerpo de las mujeres ha sido históricamente atravesado por la violencia, reforzando la dominancia del sistema patriarcal, que en su dinamismo, hoy es alimentado por las políticas neoliberales. Nuestro primer territorio a recuperar y defender es nuestro cuerpo para defender nuestra tierra, enfrentándonos y resistiendo los procesos de despojo y los efectos destructivos del extractivismo para asegurar el sostenimiento de la vida actual y a futuro.

La Marcha Mundial Fiofío, es un grupo -por ahora pequeño- de mujeres de Concepción, Chiguayante y Lomas Coloradas, que, en el contexto de lo recién expuesto, y en la dinámica de compartir y (re)conocerse hemos decidido organizarnos desde agosto del 2017.

Actualmente estamos en un proceso de formación interna al mismo tiempo que en vinculación con diversos espacios en los que convergen otras organizaciones en lucha y resistencia contra el impacto extractivista en la región. Como feministas, consideramos fundamental trabajar articuladamente con organizaciones territoriales, haciéndonos cargo de nuestro contexto. Nuestro feminismo es decolonial, anticapitalista y ecologista, nos interesa revisar la economía feminista como modelo que se pregunta por la sostenibilidad de la vida contra el capital que la depreda y destruye.

En este momento en la región existen distintas organizaciones y coordinadoras articuladas para informar sobre la explotación y luchar contra el extractivismo; son organizaciones de carácter comunitario, agroecológicas y entre cuyos principios se definen como antipatriarcales, por tanto entendemos que existe la perspectiva de trabajar conjuntamente, así como con las mujeres de sus organizaciones; más aún cuando nuestras perspectivas también son de encontrarnos y visibilizar la constante defensa y recuperación de nuestros territorios.

Es así que encontramos sumamente necesario articularnos con las diversas organizaciones comunitarias, culturales, agroecológicas y territoriales. Por lo que comenzamos a converger en múltiples espacios con organizaciones tales como: Coordinadora por la Defensa de los Territorios (CDT), Red Cultura Comunitaria Bío Bío, Espacio Oasis, Encuentro Performance Política (EPP), ANAMURI, entre otras. Participando de escuelas y actividades, entre ellas el Instituto de Agroecología para las Mujeres del Campo IALA Chile, Seminario Aborto Libre: saberes y prácticas feministas (Santiago), Seminario Internacional Proyectos Revolucionarios en América Latina: una mirada desde el feminismo, Primer encuentro de Economías sociales, solidarias y feministas realizado en Valdivia, y la Escuela de Economías solidarias que se llevó a cabo en Tomé, región del Bío Bío; tales espacios proponen metodologías, aprendizajes, intercambios, (re)encuentros y, por sobre todo propuestas, para la continuación de conocimientos y organización ante el avasallador sistema explotador, que violenta nuestras comunidades y a la vez nuestros cuerpos.

Ante este panorama, la creación de un espacio como MMM Fiofío se hace imperante, siendo una organización feminista, de resistencia, creación, aprendizajes, afectos y sororidad. Que buscamos la continua liberación de la tierra, los bosques, el agua, de la vida y las mujeres, con su comunidad.

A todas aquellas que quieran compartir inquietudes, conversar, conocernos, organizarse y construir, no duden en escribir para encontrarnos a: marchamujeresbiobio@gmail.com

¡Mujeres en marcha, hasta que todas y todos, aguas y tierras seamos libres!



[1] Castellanización de lof, forma básica de organización social mapuche.

viernes, 1 de diciembre de 2017

La Economía Feminista, por Miriam Nobre*





*Miriam Nobre, de nacionalidad brasileña, es la Secretaria Internacional de la MMM.
** Artículo extraído del libro de Nalú Faria y Miriam Nobre (orgs.) 1999. O trabalho das Mulheres. Sempreviva Organizaçao Feminista. Sao Paulo.

Lo que llamamos economía dominante o corriente principal es la economía neoclásica, y es prácticamente el único paradigma que está siendo estudiado en los cursos de economía. Existen, además, algunos enfoques con sofisticaciones pero hasta hoy ellos parten del principio de que el individuo es el motor de la economía, así como sus preferencias y opciones son totalmente racionales y explicables por el deseo de maximizar su utilidad al mínimo costo. Las opciones racionales y egoístas de los individuos se complementan con comportamientos altruistas en la familia, lugar privilegiado de las mujeres.

Cuestionamiento de la teoría, metodología y práctica de la economía dominante

Las feministas afirman que este individuo, el “homo economicus”, de la economía dominante, no es una persona cualquiera, es un hombre blanco. Sus preferencias y la manera de actuar pueden explicar el comportamiento de un hombre blanco de 30 y pocos años, propietario de capital, pero no toda la humanidad.

Las feministas cuestionan el grado de la autonomía que otorga la tendencia económica dominante a la definición de las opciones, demostrando que existen relaciones de poder y conflicto, tanto en la sociedad como en la familia, haciendo que unos tengan más autonomía que otros.

Este individuo está, además, siendo pensado en forma aislada, como Robinson Crusoé en una isla perdida, que nunca fue niño ni será viejo porque no tiene relaciones de dependencia con nadie. Como las feministas señalan, este hombre es como un hongo que aparece listo y con sus preferencias definidas. Más allá de difundir el mito de la independencia, el supuesto de la autonomía oculta el trabajo de la reproducción, de la producción de la gente, que es realizado en su mayoría por las mujeres.

Según la economía dominante, los individuos hacen sus opciones, y éstas pueden ser proyectadas para explicar el funcionamiento de una sociedad por medio de modelos matemáticos de la correlación entre los factores. Por ejemplo, para saber si la cantidad de fertilizante que se le pone a una planta conduce o no a un aumento de la producción, una ecuación incorpora la cantidad variable de fertilizante y la cantidad variable de producción que demuestre la existencia o no de una correlación entre estos factores.

En lo referente a los modelos económicos, los/as economistas feministas hacen una serie de críticas. La primera es la prioridad del instrumento matemático, que tiene que ver con la propia constitución de la economía como ciencia. Para la economía dominante solo existe lo que se consigue comprobar con un modelo matemático. Las feministas combinan los modelos con otros instrumentos construidos por la antropología, la sociología, trabajando interdisciplinariamente.

Existe un mito de que las matemáticas garantizan un análisis imparcial. Por ejemplo, en el tema de la apertura comercial y la situación de las mujeres hay estudios que establecen correlaciones entre el índice del desarrollo por género y el índice de la apertura comercial. El primero está integrado por variables como la diferencia salarial entre hombres y mujeres, las diferencias en la escolaridad y la esperanza de vida. Si fue establecida una correlación positiva entre uno y otro, la interpretación directa es que cuanto mayor es la apertura comercial, mayor el nivel del desarrollo por género, mejor la situación de las mujeres.

La diferencia salarial entre mujeres y hombres es un indicador complejo. Esta diferencia puede disminuir porque cayó el salario medio de los hombres o porque aumentó la diferenciación entre las mujeres, con un sector de ellas que ganen más aumenta el promedio femenino del salario. Por lo tanto no es posible afirmar que la situación de todas las mujeres mejora como resultado directo de este índice.

Cuando un/a economista considera una correlación entre variables que pretenda representar realidades tan amplias, está tomando una decisión política. Si existe una política anterior bien escogida, no hay solo matemáticas involucradas en el análisis. Pero si un modelo económico es establecido, éste da legitimidad a una hipótesis, que se desdobla en argumentos y en políticas como la de los acuerdos de apertura comercial, por ejemplo el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

Las feministas consideran relaciones de poder y de conflictos en la sociedad y buscan comprenderlas a partir de otros instrumentos como lo son los modelos de la negociación. Un buen ejemplo del uso de los modelos de la negociación y de la interdisciplinariedad se encuentra en el artículo de la economista india Bina Agarwal, “Negociaciones y relaciones de género: dentro y fuera de la unidad doméstica”. En este artículo describe los modelos de toma de decisión para el proceso de la negociación basado en la teoría de los juegos, como un avance frente al modelo neoclásico de unidad doméstica. Sin embargo señala sus límites y busca darles respuesta al ocuparse del poder de negociación de las mujeres frente a las percepciones sobre el trabajo y las necesidades y de la confrontación entre la unidad doméstica, la comunidad, el mercado y el Estado.

El universo de análisis de la economía dominante se limita a cómo se mueve el comercio, el gobierno o el mercado donde circula dinero. La economía feminista extiende este universo considerando aquél que se da sin ser estrictamente monetario, como el universo doméstico.

Los valores que mueven al “homo economicus” derivan, según la economía neoclásica, de la escasez de recursos en la sociedad. En la competencia por estos recursos, cada agente busca ser lo más eficiente posible. Esta competición va organizando la sociedad del mercado por medio de una mano invisible. Para las economistas feministas existen otro valores regulando las relaciones económicas; por ejemplo, la reciprocidad. Una primera impresión que tenemos es que la reciprocidad tiene un valor positivo asociado al género femenino.

Pero no todas las economistas feministas trabajan con este punto de vista en la lectura de los valores. Bina Agarwal describe, en el texto citado más arriba, una comunidad de la India donde las madres invierten más en el hijo varón porque así garantizan su sustento en la vejez. El hijo varón también saca ventaja de los privilegios de esta relación. Para esta autora, la reciprocidad no es, por lo tanto, necesariamente un valor positivo o que no tenga implicada la cuestión racional o material.

Contraponiéndose a la idea de la mano invisible, la economista feminista Nancy Folbre, propone la del “corazón invisible” en una economía que considera el cuidado y las tareas de la reproducción. Mirando la economía en su totalidad se ven otros valores que hacen que las personas se muevan, tomen decisiones y no se reduce solamente a la competencia y la eficiencia.

La visibilidad de las mujeres como sujetos de análisis de género

Más allá de la crítica al paradigma dominante, el aporte de la economía feminista es hacer visible la contribución de las mujeres en la economía. Produce investigaciones que consideran el trabajo de una forma más amplia, incluyendo el mercado informal, el trabajo doméstico, la división sexual del trabajo en la familia, e integran la reproducción como fundamental para nuestra existencia, incorporando la salud, la educación y otros aspectos relacionados como temas legítimos de la economía.

Otra línea de aporte son las estadísticas que cuantifican el trabajo no remunerado de las mujeres en la familia y en la comunidad y las incluyen en las cuentas nacionales, en los cálculos del producto interno bruto y en los presupuestos.

En el Brasil hemos trabajado más en los análisis de las desigualdades de género en el mercado de trabajo y en indicativos para la formulación de políticas. Las preguntas frecuentes son: ¿cuál es el lugar de los hombres y de las mujeres en el mercado del trabajo?, ¿por qué las mujeres están concentradas en determinados espacios, generalmente los menos valorizados o los peor remunerados?, ¿cómo se explica la diferencia salarial entre hombres y mujeres?

Una hipótesis que responde a estas preguntas es la segregación ocupacional. La socióloga Cristina Bruschini considera que, como el universo de trabajo de las mujeres en determinadas ocupaciones es limitado, hay una gran demanda de las mujeres para una oferta pequeña de empleos en esos sectores, lo que hace caer los salarios. Pero la desigualdad no se debe solamente a esto, sino también al hecho de que las mujeres son las responsables del cuidado de los niños; por lo tanto ellas actúan con lo que la autora denomina “sabiduría de la conciliación”, haciendo que las mujeres “elijan” el trabajo informal o jornadas menores de manera de poder conciliar el trabajo con el cuidado de la casa y de los niños. Danièlle Kergoat considera el tema de la calificación. Las mujeres están bien preparadas para las funciones que ejecutan por medio de su socialización de género; sin embargo sus capacidades se naturalizan y son desconsideradas en la remuneración del trabajo.

El trabajo doméstico y las relaciones en el núcleo de la familia, la distribución de la renta entre los hombres y las mujeres, y también el análisis del acceso de las mujeres a la tierra y al crédito para el financiamiento de la producción son otros temas de interés de las economistas feministas. A partir del análisis del lugar que ocupan hombres y mujeres en la sociedad, del nivel de acceso que tienen a la renta, al trabajo y a los recursos, las feministas analizan las políticas económicas, en especial las de ajuste estructural y su impacto diferenciado en hombres y mujeres, y elaboran y proponen la política del fortalecimiento de las mujeres y de la reversión de las desigualdades de género.

Economía feminista y marxismo

La crítica feminista a la economía marxista se basa en la centralidad que tiene este enfoque en las relaciones de la producción capitalista, marginando el trabajo doméstico y las actividades de reproducción ya que, según Marx, no producen valor.
A diferencias de los economistas neoclásicos, que ubican el valor en la utilidad de la mercancía producida, para Marx, solamente el trabajo humano crea valor. Así como distingue el valor de uso de una mercancía de su valor de cambio -cuantificado en horas de trabajo humano en condiciones sociales e históricas dadas-, también distingue el trabajo productivo para la sociedad del trabajo productivo para el capitalismo. De esta forma Marx consideraba el trabajo doméstico no productivo (para el capital), en la medida en que éste no producía valor (de intercambio), aunque siga siendo productivo para la sociedad.

No obstante, la teoría y el método marxista son de gran utilidad a las feministas por su historicidad y por incorporar procesos no económicos como la política y la cultura, en el análisis de la realidad; aun más cuando los/as feministas se proponen mirar la realidad no solo desde el género, sino también desde la articulación entre la clase, el género y la raza. Un punto común entre el marxismo y la teoría económica feminista es el sentido de intervenir para cambiar la realidad. La teoría feminista tiene la intención de crear instrumentos para transformar a la sociedad y para luchar contra las desigualdades y el marxismo también tiene el objetivo de transformar la realidad a través de la acción colectiva y de considerar la importancia de una ciencia social con visión liberadora y transformadora con base en esa acción.

Bibliografía

AGARWAL, BINA. 1999. “Negociaciones y relaciones de género dentro y fuera de la unidad doméstica”. Historia Agraria, n.17, SEHA.
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FOLBRE, NANCY. 1994. Who pays for the kids? Londres. Routledge.
KERGOAT, DANIÉLLE. 2002. “A relaçao social de sexo: da reproduçao das relaçoes sociais a sua subversao”. Pro-posiçao, v.13, n. 1(37), Faculdade de Educaçao/Unicamp.
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