Economía Feminista
Mostrando las entradas con la etiqueta Economía Feminista. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de marzo de 2020

Economía feminista, hoy mas que nunca


Capitulo 3: Economía feminista



La crisis sanitaria por Coronavirus está dejando al descubierto también una crisis sistémica que ha arrastrado y profundizado por mucho tiempo las desigualdades sociales y la degradación generalizada de las condiciones de vida. El sistema socioeconómico que habitamos ha necesitado de la explotación de la tierra y de millones de personas para el beneficio de unas pocas, desde una lógica no sólo capitalista, sino profundamente racistas y heteropatriarcal.
Por eso, creemos en la urgencia de pensar otra economía que ponga en el centro la sostenibilidad de la vida, la cultura de los cuidados y los valores colectivos de reciprocidad y cooperación. Volcarnos a los saberes y prácticas de los pueblos originarios y de las comunidades rurales que mantienen una lucha histórica por el cuidado de la naturaleza, la soberanía alimentaria y el resguardo de las semillas; así como también a la experiencia de las mujeres en cuanto a la economía de los cuidados y la demanda del movimiento feminista para democratizarlos.
Hoy es tiempo de replantearnos qué tan profundos son los cambios que necesitamos, pues vivimos bajo un paradigma que se recrudece cada vez más en los territorios y cuerpos sistemáticamente vulnerados. Se dice que el virus COVID 19 no discrimina, pero hoy quien muere es la gente más pobre; el desempleo y la explotación laboral recae en los sectores populares, y el trabajo reproductivo y de los cuidados, hoy más necesario que nunca, se intensifica en las mujeres.
Nuestra invitación en tiempos de cuarentena es a la reflexión y generación de estrategias colectivas y solidarias para el Buen Vivir. A conocer las distintas experiencias de resistencias de pueblos y movimientos sociales que nos permitan volver con mayor fuerza a la revolución que iniciamos en octubre.
Por eso como Marcha Mundial de Mujeres-Chile, queremos compartir el trabajo que hemos venido generando en alianza con otras organizaciones y que creemos puede aportar e inspirar esta lucha social contra este sistema que precariza la vida.
Les invitamos a ver este video que aborda parte del trabajo realizado en diciembre de 2019, cuando se realizó la Carpa de las Mujeres dentro del marco de la Cumbre de los Pueblos. Jornada en que abordamos la Economía Feminista y la Soberanía Alimentaria como temáticas y prácticas fundamentales para la construcción de una sociedad justa y en armonía con la naturaleza.

Link del video: https://youtu.be/igp6HVRU_xs

¡Resistimos para vivir, Marchamos para transformar!

viernes, 1 de diciembre de 2017

Entrevista a Cristina Carrasco “Estamos planteando un cambio de valores profundos, estamos yendo contra el sistema patriarcal y el capitalismo”*




Angie Mendoza
Rocío Alorda

Una de las primeras voces que décadas atrás comenzó a hablar sobre la “Economía Feminista” fue la chilena radicada en Barcelona, Cristina Carrasco, académica de la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona. Cristina es una de las primeras investigadoras en discutir los temas de trabajo y mujeres, y los efectos de la división sexual del trabajo en las dobles jornadas laborales de las mujeres y su aporte a los cuidados, lo que derivó en lo que actualmente se denomina “Economía Feminista”. Sus artículos son textos obligatorios para la formación feminista, más aún cuando sus reflexiones son apuestas por otro tipo de economías, en donde el centro está en la vida y no en el mercado, haciendo necesariamente una fuerte crítica al sistema patriarcal y al capitalismo.
Sin embargo, Cristina no solo es académica e investigadora sino que también es militante feminista de la Marcha Mundial de las Mujeres y ha acompañado los procesos de formación en Escuelas Internacionales, aportando en la reflexión crítica y en el desarrollo de documentos de reflexión sobre mujeres y trabajo.

En el marco del seminario “Trayectorias, agenda y escenarios actuales de la investigación de género” realizado en noviembre del 2015, conversamos con Cristina Carrasco, quien nos entregó sus reflexiones sobre el cambio que debe existir en la agenda política actual, para instalar como eje central la vida y los cuidados antes que las lógicas capitalistas y patriarcales.

¿Qué es para ti la economía feminista?
“Yo creo que la Economía Feminista se basa en tres ideas fundamentales: primero, la economía feminista rompe las barreras del mercado para incorporar todo el trabajo doméstico y de cuidados en los circuitos del trabajo, es decir, si queremos analizar la realidad de la vida de las personas, de los trabajos y de cómo subsistimos, necesariamente tenemos que tener en cuenta el trabajo doméstico y de cuidado. La economía feminista nos permite visibilizar ese trabajo y mostrar las desigualdades en el uso del tiempo y en el trabajo entre hombres y mujeres, y ver la magnitud que implica todo este trabajo. La segunda idea sería el descubrimiento del cuidado, es decir, una vez que comenzamos a investigar sobre el trabajo doméstico y la importancia del tiempo, vemos que aquí hay unos elementos subjetivos que hay que tener en cuenta: los deseos, las relaciones, los afectos, las emociones, que son parte integral de las personas por lo que no podemos solo usar la racionalidad para el análisis, ya que aquí los tiempos de relación son diferentes. Entonces, a partir de aquí surgen muchos temas a trabajar. La tercera idea, es que la economía feminista es rupturista, ya que lo que plantea es cambiar el eje central. Nuestras sociedades viven para el mercado y el beneficio privado, y nosotras planteamos que lo primero son las personas, por tanto es la lógica de la vida frente a la lógica del capital. Para lograr eso, tenemos que cambiar el eje y centrarnos en las personas donde el cuidado es un elemento fundamental –no el único- para su calidad de vida y a partir de aquí organizar la sociedad: tiempos, trabajo, cómo consumimos, etc. Tenemos puntos de encuentro con la ecología, por tanto somos interdependientes a partir de los cuidados y eco-dependientes en la naturaleza. A partir de aquí hay nuevos indicadores y estadísticas, análisis de los presupuestos desde una perspectiva de equidad de género y desarrollos de la economía en distintas líneas.
¿Cuáles crees tú que son los desafíos del movimiento feminista en abordar la economía de los cuidados?
Yo creo que estas ideas son potentes, pero hemos tenido un déficit en aplicarlas, en transformarlas en políticas públicas o en acciones ciudadanas. Supongo que esto es porque estamos planteando una cosa muy compleja y yo siempre creo que hay que hacer políticas a corto plazo -políticas transitorias para solucionar problemas concretos- y después acciones a más largo plazo. Estamos planteando un cambio de valores profundos, estamos yendo contra el sistema patriarcal y el capitalismo. Entonces creo que hay un paso que es importantísimo y que seguramente se está haciendo, que es llevar el debate a muchos lugares y a partir de ahí interiorizarlo y esto hacerlo en redes de mujeres porque el patriarcado es muy duro. Yo creo que la interiorización y el creérnoslo nos hacen actuar de una manera distinta porque analizas las políticas desde estas otras miradas. Aunque sean pequeñas cosas que vayan en esa línea, yo creo que hay que empezar a hacerlas, pero esas dependen del lugar, del país, del contexto en que cada una de nosotras se está moviendo.
Tú haces un análisis a propósito de la crisis económica en Europa y señalas “no podemos tener un mundo sustentable lleno de esclavos porque lo que urge es que los países debatan como eje central el tema de los cuidados”. ¿Cómo crees tú que las feministas podemos intencionar ese debate para instalar el tema de los cuidados como un elemento central de la discusión política?
Más que hablar sobre el “tema de los cuidados”, yo lo llamaría “una vida buena, una vida digna, el vivir bien”. El punto es que vamos repitiendo cualquiera de estos nombres pero no tenemos muy claro qué queremos decir, entonces creo que ahí falta un debate en donde pongamos la vida de las personas en el centro. En esa discusión los cuidados son un elemento, pero también hay otros como como el cuidado a la naturaleza, qué producimos para que las personas satisfagan sus necesidades pero sin contaminar y bajando nuestro consumo. Entonces, yo creo que debemos situar a la vida en el centro, discutir qué significa una buena vida y buscar alianzas. Cuando yo debato estas cosas muchas personas dicen “bueno, si para un buen vivir necesitamos un buen nivel de salud, educación, alimentación” y te nombran una serie de cosas pero los cuidados no aparecen. Entonces ahí nosotras decimos que una de las cosas fundamentales para una buena vida implica que la gente esté bien cuidada en los distintos momentos de su vida.
¿Y quién se hace cargo de ese cuidado. Debe ser una triangulación sociedad - Estado - individuo?
Los cuidados pueden ser parte del Estado, las personas -hombres y mujeres- de todas las edades que estén en condiciones de hacerlo y puede haber servicios comunitarios. Y en eso las mujeres tenemos mucha experiencia porque las redes de mujeres han existido de toda la vida. Ahora, el tema es lograr eso pero que no quede en un tema solo de mujeres. Por eso hay que debatirlo socialmente para que se reparta entre hombres y mujeres, pero que se tome como un tema social y político cómo cuidamos a nuestra población. Y hay un margen de elección, si alguien se quiere quedar cuidando pues perfecto y si prefieres la guardería y no la cosa comunitaria, está bien. Lo que quiero decir, es que las vidas son diferentes pero deben existir todas las posibilidades por eso requiere ponerlo en un primer punto de la agenda porque es un debate social y político, fundamentalmente.
En Chile hemos empezado a trabajar y discutir sobre Economía Feminista a propósito de la visibilización del aporte de las mujeres a la economía, y desde los sectores rurales a propósito de la soberanía alimentaria. Ahí esos temas que tú señalas se articulan de manera interesante porque existen experiencias de nuevas formas de vivir bien. ¿Qué te parece esa experiencia en que las mujeres comienzan a reconocerse como trabajadoras y valorar su trabajo y el aporte que son para las economías locales y nacionales?
Yo creo que hay una cosa muy capitalista que es haberle dado valor al trabajo de la industria y no darle valor al trabajo del campo, cuando en el fondo todos vivimos del campo porque la alimentación en gran parte viene de ahí. Yo nunca he hecho estudios sobre el campo porque en Europa está muy industrializado, entonces no es el campo de aquí. Pero yo le tengo mucho cariño a esta forma de trabajar porque es una forma similar a la de antes del capitalismo, o sea del siglo XVII, en que hombres y mujeres trabajaban de esa manera guiados por la naturaleza. Cuando se creó la máquina esa forma de trabajo se desvalorizó. Lo importante es que todo el mundo -hombres y mujeres- valoráramos eso así como las mujeres urbanas valoremos el campo.

Frases para destacar:
“Nosotras planteamos que lo primero son las personas, por tanto es la lógica de la vida frente a la lógica del capital”

* Entrevista a Cristina Carrasco Bengoa sobre Economía Feminista


La Economía Feminista, por Miriam Nobre*





*Miriam Nobre, de nacionalidad brasileña, es la Secretaria Internacional de la MMM.
** Artículo extraído del libro de Nalú Faria y Miriam Nobre (orgs.) 1999. O trabalho das Mulheres. Sempreviva Organizaçao Feminista. Sao Paulo.

Lo que llamamos economía dominante o corriente principal es la economía neoclásica, y es prácticamente el único paradigma que está siendo estudiado en los cursos de economía. Existen, además, algunos enfoques con sofisticaciones pero hasta hoy ellos parten del principio de que el individuo es el motor de la economía, así como sus preferencias y opciones son totalmente racionales y explicables por el deseo de maximizar su utilidad al mínimo costo. Las opciones racionales y egoístas de los individuos se complementan con comportamientos altruistas en la familia, lugar privilegiado de las mujeres.

Cuestionamiento de la teoría, metodología y práctica de la economía dominante

Las feministas afirman que este individuo, el “homo economicus”, de la economía dominante, no es una persona cualquiera, es un hombre blanco. Sus preferencias y la manera de actuar pueden explicar el comportamiento de un hombre blanco de 30 y pocos años, propietario de capital, pero no toda la humanidad.

Las feministas cuestionan el grado de la autonomía que otorga la tendencia económica dominante a la definición de las opciones, demostrando que existen relaciones de poder y conflicto, tanto en la sociedad como en la familia, haciendo que unos tengan más autonomía que otros.

Este individuo está, además, siendo pensado en forma aislada, como Robinson Crusoé en una isla perdida, que nunca fue niño ni será viejo porque no tiene relaciones de dependencia con nadie. Como las feministas señalan, este hombre es como un hongo que aparece listo y con sus preferencias definidas. Más allá de difundir el mito de la independencia, el supuesto de la autonomía oculta el trabajo de la reproducción, de la producción de la gente, que es realizado en su mayoría por las mujeres.

Según la economía dominante, los individuos hacen sus opciones, y éstas pueden ser proyectadas para explicar el funcionamiento de una sociedad por medio de modelos matemáticos de la correlación entre los factores. Por ejemplo, para saber si la cantidad de fertilizante que se le pone a una planta conduce o no a un aumento de la producción, una ecuación incorpora la cantidad variable de fertilizante y la cantidad variable de producción que demuestre la existencia o no de una correlación entre estos factores.

En lo referente a los modelos económicos, los/as economistas feministas hacen una serie de críticas. La primera es la prioridad del instrumento matemático, que tiene que ver con la propia constitución de la economía como ciencia. Para la economía dominante solo existe lo que se consigue comprobar con un modelo matemático. Las feministas combinan los modelos con otros instrumentos construidos por la antropología, la sociología, trabajando interdisciplinariamente.

Existe un mito de que las matemáticas garantizan un análisis imparcial. Por ejemplo, en el tema de la apertura comercial y la situación de las mujeres hay estudios que establecen correlaciones entre el índice del desarrollo por género y el índice de la apertura comercial. El primero está integrado por variables como la diferencia salarial entre hombres y mujeres, las diferencias en la escolaridad y la esperanza de vida. Si fue establecida una correlación positiva entre uno y otro, la interpretación directa es que cuanto mayor es la apertura comercial, mayor el nivel del desarrollo por género, mejor la situación de las mujeres.

La diferencia salarial entre mujeres y hombres es un indicador complejo. Esta diferencia puede disminuir porque cayó el salario medio de los hombres o porque aumentó la diferenciación entre las mujeres, con un sector de ellas que ganen más aumenta el promedio femenino del salario. Por lo tanto no es posible afirmar que la situación de todas las mujeres mejora como resultado directo de este índice.

Cuando un/a economista considera una correlación entre variables que pretenda representar realidades tan amplias, está tomando una decisión política. Si existe una política anterior bien escogida, no hay solo matemáticas involucradas en el análisis. Pero si un modelo económico es establecido, éste da legitimidad a una hipótesis, que se desdobla en argumentos y en políticas como la de los acuerdos de apertura comercial, por ejemplo el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

Las feministas consideran relaciones de poder y de conflictos en la sociedad y buscan comprenderlas a partir de otros instrumentos como lo son los modelos de la negociación. Un buen ejemplo del uso de los modelos de la negociación y de la interdisciplinariedad se encuentra en el artículo de la economista india Bina Agarwal, “Negociaciones y relaciones de género: dentro y fuera de la unidad doméstica”. En este artículo describe los modelos de toma de decisión para el proceso de la negociación basado en la teoría de los juegos, como un avance frente al modelo neoclásico de unidad doméstica. Sin embargo señala sus límites y busca darles respuesta al ocuparse del poder de negociación de las mujeres frente a las percepciones sobre el trabajo y las necesidades y de la confrontación entre la unidad doméstica, la comunidad, el mercado y el Estado.

El universo de análisis de la economía dominante se limita a cómo se mueve el comercio, el gobierno o el mercado donde circula dinero. La economía feminista extiende este universo considerando aquél que se da sin ser estrictamente monetario, como el universo doméstico.

Los valores que mueven al “homo economicus” derivan, según la economía neoclásica, de la escasez de recursos en la sociedad. En la competencia por estos recursos, cada agente busca ser lo más eficiente posible. Esta competición va organizando la sociedad del mercado por medio de una mano invisible. Para las economistas feministas existen otro valores regulando las relaciones económicas; por ejemplo, la reciprocidad. Una primera impresión que tenemos es que la reciprocidad tiene un valor positivo asociado al género femenino.

Pero no todas las economistas feministas trabajan con este punto de vista en la lectura de los valores. Bina Agarwal describe, en el texto citado más arriba, una comunidad de la India donde las madres invierten más en el hijo varón porque así garantizan su sustento en la vejez. El hijo varón también saca ventaja de los privilegios de esta relación. Para esta autora, la reciprocidad no es, por lo tanto, necesariamente un valor positivo o que no tenga implicada la cuestión racional o material.

Contraponiéndose a la idea de la mano invisible, la economista feminista Nancy Folbre, propone la del “corazón invisible” en una economía que considera el cuidado y las tareas de la reproducción. Mirando la economía en su totalidad se ven otros valores que hacen que las personas se muevan, tomen decisiones y no se reduce solamente a la competencia y la eficiencia.

La visibilidad de las mujeres como sujetos de análisis de género

Más allá de la crítica al paradigma dominante, el aporte de la economía feminista es hacer visible la contribución de las mujeres en la economía. Produce investigaciones que consideran el trabajo de una forma más amplia, incluyendo el mercado informal, el trabajo doméstico, la división sexual del trabajo en la familia, e integran la reproducción como fundamental para nuestra existencia, incorporando la salud, la educación y otros aspectos relacionados como temas legítimos de la economía.

Otra línea de aporte son las estadísticas que cuantifican el trabajo no remunerado de las mujeres en la familia y en la comunidad y las incluyen en las cuentas nacionales, en los cálculos del producto interno bruto y en los presupuestos.

En el Brasil hemos trabajado más en los análisis de las desigualdades de género en el mercado de trabajo y en indicativos para la formulación de políticas. Las preguntas frecuentes son: ¿cuál es el lugar de los hombres y de las mujeres en el mercado del trabajo?, ¿por qué las mujeres están concentradas en determinados espacios, generalmente los menos valorizados o los peor remunerados?, ¿cómo se explica la diferencia salarial entre hombres y mujeres?

Una hipótesis que responde a estas preguntas es la segregación ocupacional. La socióloga Cristina Bruschini considera que, como el universo de trabajo de las mujeres en determinadas ocupaciones es limitado, hay una gran demanda de las mujeres para una oferta pequeña de empleos en esos sectores, lo que hace caer los salarios. Pero la desigualdad no se debe solamente a esto, sino también al hecho de que las mujeres son las responsables del cuidado de los niños; por lo tanto ellas actúan con lo que la autora denomina “sabiduría de la conciliación”, haciendo que las mujeres “elijan” el trabajo informal o jornadas menores de manera de poder conciliar el trabajo con el cuidado de la casa y de los niños. Danièlle Kergoat considera el tema de la calificación. Las mujeres están bien preparadas para las funciones que ejecutan por medio de su socialización de género; sin embargo sus capacidades se naturalizan y son desconsideradas en la remuneración del trabajo.

El trabajo doméstico y las relaciones en el núcleo de la familia, la distribución de la renta entre los hombres y las mujeres, y también el análisis del acceso de las mujeres a la tierra y al crédito para el financiamiento de la producción son otros temas de interés de las economistas feministas. A partir del análisis del lugar que ocupan hombres y mujeres en la sociedad, del nivel de acceso que tienen a la renta, al trabajo y a los recursos, las feministas analizan las políticas económicas, en especial las de ajuste estructural y su impacto diferenciado en hombres y mujeres, y elaboran y proponen la política del fortalecimiento de las mujeres y de la reversión de las desigualdades de género.

Economía feminista y marxismo

La crítica feminista a la economía marxista se basa en la centralidad que tiene este enfoque en las relaciones de la producción capitalista, marginando el trabajo doméstico y las actividades de reproducción ya que, según Marx, no producen valor.
A diferencias de los economistas neoclásicos, que ubican el valor en la utilidad de la mercancía producida, para Marx, solamente el trabajo humano crea valor. Así como distingue el valor de uso de una mercancía de su valor de cambio -cuantificado en horas de trabajo humano en condiciones sociales e históricas dadas-, también distingue el trabajo productivo para la sociedad del trabajo productivo para el capitalismo. De esta forma Marx consideraba el trabajo doméstico no productivo (para el capital), en la medida en que éste no producía valor (de intercambio), aunque siga siendo productivo para la sociedad.

No obstante, la teoría y el método marxista son de gran utilidad a las feministas por su historicidad y por incorporar procesos no económicos como la política y la cultura, en el análisis de la realidad; aun más cuando los/as feministas se proponen mirar la realidad no solo desde el género, sino también desde la articulación entre la clase, el género y la raza. Un punto común entre el marxismo y la teoría económica feminista es el sentido de intervenir para cambiar la realidad. La teoría feminista tiene la intención de crear instrumentos para transformar a la sociedad y para luchar contra las desigualdades y el marxismo también tiene el objetivo de transformar la realidad a través de la acción colectiva y de considerar la importancia de una ciencia social con visión liberadora y transformadora con base en esa acción.

Bibliografía

AGARWAL, BINA. 1999. “Negociaciones y relaciones de género dentro y fuera de la unidad doméstica”. Historia Agraria, n.17, SEHA.
BRUSCHINI, CRISTINA. 1998. “Gênero e trabalho feminino no Brasil, novas conquistas ou persistência da discriminaçao? Brasil, 1985 a 1995. Campinas. Mimeo.
CARRASCO, CRSITINA. 1999. Introducción: hacia una economía feminista. En: Carrasco, C. (ed.). Mujeres y Ecopnomía. Barcelona: Icaria.
FOLBRE, NANCY. 1994. Who pays for the kids? Londres. Routledge.
KERGOAT, DANIÉLLE. 2002. “A relaçao social de sexo: da reproduçao das relaçoes sociais a sua subversao”. Pro-posiçao, v.13, n. 1(37), Faculdade de Educaçao/Unicamp.
ULLOA, MARIA. 2000. “Teoría y principios de la economía feminista”. Documento de trabajo. Mesa de Trabajo Mujeres y Economía. Colombia.




miércoles, 24 de agosto de 2016

Economía Feminista: Un planteamiento desde la desobediencia



 Claudia Seguel

I.                   Obedecer es escuchar

La raíz latina de esta palabra nos evoca inevitablemente al sentido judeocristiano de la obediencia. Escuchar la palabra de dios implica renunciar a la voluntad propia. Se trata de auto - silenciarnos para alejar cualquier ruido interno, llámese deseo, pulsión, recuerdo mundano, etc. Entramos en una estática comunicativa llamada monólogo. Mono = Uno; Logos = Razón, Palabra, Pensamiento, Discurso, entre otras. Estática, porque se escucha sin intervenir, interpelar, o cuestionar. Pero se es verdaderamente obediente cuando escuchar adquiere consistencia en las acciones diarias, cuando la voluntad propia se vacía del contenido de lo propio para dar lugar a los preceptos de la voz que mandata.

Con la expresión ¡Dios ha muerto! parecía acabarse el monólogo y la obediencia servil. No obstante, sus más fieles discípulos, quedarían vivos para encarnar la palabra de dios y propagarla. ¿Dios era hombre? Al parecer sí, y su ejército también. Al menos eso me confirma un breve repaso por la biblia; halagos y protagonismo para los discípulos y menosprecio y subordinación para las mujeres. Las feministas y dios, no somos amigxs. No quisiéramos entrar en detalles sobre esta ruptura, basta con señalar que no se trató nunca de un amor libre. Entre dios y las feministas no hubo química, ni la habrá con su rebaño.

No queremos señalar a la cultura judeocristiana como originaria de lo que hoy llamamos patriarcado, cuestión que nos valdría demasiado tiempo. Lo que nos motiva a denunciarla es su poderosa influencia en instituciones patriarcales que aun coexisten con nuestra resistencia feminista. Por patriarcado entendemos una estructura social que jerarquiza las relaciones humanas a partir de una división desigual entre hombres y mujeres, que valiéndose de la categoría de género, produce y reproduce un sistema en el que el mandato recae en el hombre y la obediencia en la mujer. ¿La relación entre dios y el patriarcado? Por mencionar una, la cuestión del logos; una palabra, un discurso, un pensamiento. En ambos casos existe una voz hegemónica que se hace escuchar. Obediencia o castigo.

¡Sin dios ni patrón! Nos vemos en la necesidad vital de sacar el habla, interpelar, cuestionar, por lo tanto... a desobedecer. Y la historia nos ha dado bastantes motivos para hacerlo. Las mujeres, y de sobremanera las mujeres pobres, campesinas, indígenas, no blancas, no ilustradas, hemos resistido el aniquilamiento femicida de las sociedades patriarcales porque nos hemos negado a satisfacer sus caprichos. En adelante nuestra historia de reivindicaciones estará marcada por la desobediencia.

II.                Desobediencia Económica

No reconocemos como nuestras, las decisiones y leyes que emanan desde el egoísmo de la razón dominante. Nos negamos a obedecer resoluciones jurídicas, costumbres, tradiciones, modas, etc., si con éstas se perpetúa el estado de sumisión de las mujeres, y por qué no decirlo, de los hombres también. Las relaciones humanas han sido secuestradas por un modelo patriarcal inhóspito. La política, la economía, la cultura, las ciencias, etc., no son lugares fácilmente habitables por mujeres y hombres disidentes de la voz oficial, incluso nuestra presencia en ellos resulta incómoda. Visibilizarnos es desobedecer.

¿Cuál economía desobedecemos? La economía hegemónica que persigue el objetivo último de la acumulación, dando lugar a un sistema de desigualdades incongruentes con el buen vivir. No nos place colaborar con una economía de mercado capitalista que desde la frialdad de sus negocios nos trata como un número más. Economía no debe ser naturalmente entendida como sinónimo de mercado y asociada naturalmente a la producción del dinero. El mercado es solo uno de los tantos espacios donde tiene lugar un tipo determinado de economía. Nuestra convicción de oponernos a este gran monstruo que es el complejo sistema económico mundial y capitalista, pasa por una necesidad de liberarnos del poder económico (privado o estatal) que amparado y protegido por la cultura patriarcal enraizada en las instituciones políticas, nos condiciona a la pobreza, al consumismo e invisibiliza nuestro trabajo en las economías del cuidado y del hogar; economías locales sin las cuales sería imposible la producción de la vida misma.

La economía entendida como un sistema dominante, suscrita a la propagación de sí misma como autoridad política mundial, goza de plena legalidad para erigirse como un orden económico mundial en la medida en que no es cuestionado, resistido o superado, ya sea por la elite financiera mundial (claro está), los Estados y gobiernos, o bien, por las personas individuales y comunidades.

Somos resistencia porque no queremos depender de una vez por todas del vaivén de la especulación financiera. Nos urge la creación de espacios liberados del control económico mundial. Negamos este afán acumulador capitalista para asumir una nueva vida financiera y por lo tanto contribuir a la construcción de nuevas relaciones económicas, que propicie redes de intercambio sólidas en la convicción de negar y trascender la racionalidad del pensamiento económico capitalista, que se basa en: la ley de oferta y demanda, la autorregulación de los mercados, la mano invisible, el laissez faire laissez passer (dejar hacer, dejar pasar), y toda la mitología subyacente a una teoría económica pura que se jacta de establecer las condiciones necesarias y suficientes para un “libre mercado”.

Entendemos la economía como organización de los medios para satisfacer las diversas necesidades humanas y planetarias, como actividad necesaria para gestionar la vida y contribuir al bien común. El dinero es un medio, no un fin, y por lo tanto, precisamos cuestionar los métodos de una economía mundial basada en el dinero como objetivo. La construcción de nuevas economías requiere de un ejercicio de la voluntad política individual y colectiva, para desplazar al dinero como destino en nuestros intercambios cotidianos. Enric Durán sostiene que “El dinero facilita las relaciones complejas de intercambio”. Cabe preguntarnos ¿Qué se considera como intercambio complejo?, ¿Por qué complejizar algunos intercambios? La competencia y el afán de lucro, son valores ($$) que impiden el florecimiento de las relaciones sociales y comunitarias. Por otro lado, la colaboración y la contribución al bien común, podrían ser los motores de una economía no hegemónica.

III.             Economía feminista y autoorganización social
No pretendemos formular un nuevo sistema económico mundial hegemónico, esta vez al mando de las mujeres. Esto no es una revancha. Muy por el contrario, buscamos construir nuevas instancias de organización de los bienes y servicios. El carácter plural de la población mundial, sus diferencias geográficas y culturales, diversos modos de ver y hacer mundo, nos obligan a pensar la economía desde la diferencia.

La diferencia entre una economía feminista y otras economías: comunitarias, solidarias, de apoyo mutuo, sustentables, entre otras, radica en la necesidad de tomar posición con respecto a cómo se han ido dando históricamente las relaciones humanas de acuerdo a las categorías de género. Es economía feminista sobre todo por su fuerte crítica a la economía dominante que es sesgadamente patriarcal. Ejemplos de este sesgo patriarcal son la subordinación de las mujeres al trabajo doméstico (no remunerado y apenas concebido como trabajo), a la economía de los cuidados (de los hijos(as), del marido, y en muchos casos de sus padres o algún familiar enfermo), a recibir salarios desiguales e inferiores a los de los hombres ejerciendo una misma profesión, etc. El lugar que nos cede esta gran economía es nefasto y no se condice con nuestra voluntad de querer construir relaciones libres del control y la coacción.

La economía feminista se traduce en una praxis de organización social sin subordinación de ninguna parte, una economía en donde hombres y mujeres participemos en igualdad de condiciones políticas, con los mismos derechos, a pesar de nuestras diferencias, de sexo, etnia, edad, color de piel, etc., y mismos deberes. El qué producir, cómo producirlo, y cómo distribuirlo, será asunto de cada comunidad. Si se busca responder a estas interrogantes (clásicas de la teoría económica), o a otras nuevas, también su resolución corresponde a cada cultura. Si las acciones de intercambio se harán con dinero u otro medio, también. Lo que nos importa recalcar es que si estas economías se posicionan desde la asimetría de las relaciones humanas, buscando sacar provecho en perjuicio de una de las partes, será nuevamente desobedecida.

Una economía feminista crítica con el sistema de valoraciones jerárquicas, busca desestabilizar la hegemonía del sistema económico capitalista a partir de la negación de éste y la creación de nuevas relaciones basadas en la confianza, la proximidad, el consumo responsable, local (en principio) y sobretodo en la distribución justa de labores para la producción de la vida.




Diseño original por emerge y Sadaf F K.
Sitio Web por ZOEK