sábado, 28 de septiembre de 2013

Una revuelta: Movimiento por el aborto libre seguro y gratuito


Seminario “Aborto legal, libre, seguro y gratuito. Un asunto de Derechos Humanos”. 26 y 27 de septiembre, 2013.




Por: Gilda Luongo                                                                     

“La humillación es saberse víctima del azar, otra opresión. Jamás, jamás volveré a acostarme con un hombre. A través de ellos el azar entra en nuestras vidas sometiéndonos. Venenosa intromisión. Jamás, jamás. A través de ellos la esclavitud se propaga, se difunde, nos encadena. Jamás, jamás.”

Cristina Peri Rossi, La nave de los locos (176)

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Las palabras negadas, escamoteadas, silenciadas, censuradas: Aborto, feminismos. 

Dos términos cargados de sentidos en nuestra sociedad, cuyo peso simbólico  arrastra, como si fuera peso muerto, las disímiles violencias y opresiones hacia las mujeres, la colonización de nuestros cuerpos, de nuestras sexualidades plurales y diversas. 

Afirmo, como feminista de cuño heteróclito, que todas las tramas desprendidas de estos términos tan difíciles de abordar, como sociedad de Tercer Mundo, se encuentran teñidas por las ideologías múltiples incubadas en el sistema hetero-patriarcal, capitalista,  conservador. Aquel que intenta constreñir,  suprimir y manchar estos territorios culturales porque le interesa anular su potencial transformador, su potencial de revuelta, aquel que hace posible pensar en construir el lazo social  a partir de desatar la imaginación y la creación respecto de otros modos de vincularnos[1]. Desde este ángulo me parece que el abordaje acerca de ambos términos amerita un posicionamiento radical.

Esta radicalidad, a mi entender,  es tal cuando permite desplegar  múltiples interrogantes, de diverso origen y textura. Ella no implica sino una reflexividad ilimitada, una vocación por desmontar todos los sentidos comunes que aprisionan aquellos impulsos libertarios de las sujetos feministas de diverso cuño. Aun más, este brío indagador, si lo dejamos actuar en su desmesura podría iluminar, -desde su generosidad abismal-,  nuestras propias barreras.

Aquellas que impiden muchas veces dar cauce a nuestra acción de manera plural y concertada debido a la emergencia de parapetos duros, esos que inevitablemente surgen a partir de nuestras contradicciones como sujetos feministas inmersos en una trama social, cultural, económica, política androcéntrica. Una que nos penetra a veces de modo sutil y otras, de manera vergonzante.

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Los movimientos del Movimiento     

El indecente deseo de generar instancias de acción feminista colectiva ha sido siempre un punto de inflexión para las mujeres y activistas. Para las que anhelamos transformar el yugo generado por las prácticas reguladoras que nos impiden imaginar otros modos de ser human@s y libres. ¿Cómo llegar a la acción en revuelta si no es con otras y otros que se hallen dispuest@s para desatar movimientos insospechados? Así, lo político se hace urgencia en contextos determinados.

En nuestro caso el escenario social nos enfrenta, por un lado, con la presencia de  un gobierno de derecha y una clase política incompetente, en franca crisis de representación ciudadana; por el otro, con movimientos múltiples de jóvenes que desde el 2011 hasta el presente  no han cesado de manifestarse en contra de un sistema hecho añicos en su vertiente ético-política; asimismo, la emergencia de  movimientos populares que se suman en sus multiplicidades al eco memorioso de los 40 años del Golpe de Estado dado por los militares traidores al gobierno de la Unidad Popular.

Pequeños, pero significativos escenarios movimientistas. Asumo que la fragilidad socio-cultural nos constituye en estos tiempos de incertezas y fragmentaciones. Este tono menor que me cautiva ofrece otro modo de situarnos, posibilita sacudirnos de las megalomanías que llevamos a cuestas. 

Con todo, el olfato y el tacto de las/los feministas se hallan atentos para captar este sensorium. No podíamos sino ceder a las sinuosidades del cultivo sociocultural imperante para, de ese modo, concertar fuerzas, imaginaciones, atrevimientos, arrojos, desobediencias, posicionamientos múltiples por el aborto libre, seguro y gratuito.

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Narrativas políticas del Movimiento

Actuamos para luego narrar y otorgar sentidos.  Aparecer, dice Hannah Arendt, en lo público a partir de la palabra viva (Arendt, 200-15).

La lucha por el aborto desde los feminismos cobra protagonismo en esta imposibilidad de continuar silentes o demasiado cautelosas respecto de una trama heteropatriarcal asfixiante que vigila, penaliza y violenta  a las mujeres en nuestro acceso a las elecciones vitales  de constituirnos sujetos políticos que decidimos sobre nuestro potencial singular de ser reproductoras de la vida humana.

De este modo acopiamos la palabra viva (“relato actuado” Kristeva, 92) que surge luego de la acción llevada a cabo entre todas y todos. Todas y todos que parece innombrable sino a partir de la palabra Movimiento: compañer@s de distintas orillas, cauces, desvíos, desvaríos; cada quien con sus nombres, prácticas, historia militante o activista y sus posicionamientos múltiples.  Esta confluencia de micropolíticas  que pareciera  imposible de conformarse en un gesto de acción conjunta, logra reunirse al fin.  Planea una conjunción sinuosa y aglutina oquedades que dan lugar a una vertiente.

Cuatro compañer@s me donan sus relatos. Andrea Parada, de la Asamblea de Mujeres Revolucionarias de Maipú teje su testimonio a partir de la confluencia gozosa en la Marcha por el aborto libre, seguro y gratuito del día 25 de julio. Su impresión: una sorpresa ante tanta presencia,

“Éramos muchxs”; y a la luz de su visión testimoniante destaca la conciencia de la necesaria libertad de los cuerpos; la compañera en su texto acusa a quienes portan una moral manchada de sangre indígena, obrera, de mujeres libres, las que “no  compran cuentos de virginidades ni espíritus santos”.

Señala que la marcha no sólo fue por el aborto sino que “fue una bofetada a la hipocresía eclesiástica y conservadora de este país, y por eso es que cuando nos prohibieron avanzar, tomamos camino por el paseo Ahumada y ahí comenzó el vía crucis rebelde”.

El tránsito de la marcha multitudinaria hacia la Catedral de Santiago será para Andrea Parada una rebeldía y entrar a ese santuario católico, una travesura. Irrumpir e interrumpir improvisadamente en ese territorio, pero a la vez con una conciencia clara respecto del momento histórico que allí se daba; Andrea lo dice así: “nos rebelamos ante ese poder que se jacta del poder que tiene sobre las mujeres, que se jacta del poder moral y que juzgan a quienes abortan, a quienes desean vivir libremente su sexualidad…”

La dicha va de la mano con la revuelta, con la rebeldía que se hace posible, que se convierte en carne y hueso en los cuerpos resistentes de las mujeres feministas. Angie Mendoza, compañera de la Marcha Mundial de Mujeres, relata el detalle acerca de cómo surge la idea de reunirnos para organizar “algo” en torno a la demanda por el aborto.

Menciona como detonante los acontecimientos brutales aparecidos en los medios de comunicación acerca de niñas violadas sistemáticamente por hombres cercanos quienes terminaron, luego de estos abusos del horror, embarazadas. Sus énfasis están puestos en esta posibilidad de reunirnos, en la convocatoria masiva a esa primera reunión el día 15 de julio, en la casa que acoge a la Marcha Mundial de Mujeres en la calle Malaquías Concha. Más de 70 personas nos encontramos en una salita que se hizo estrecha.

Allí, hacinad@s, respirando a un mismo pulso rebelde pudimos llegar a acuerdos rápidamente: “todas dispuestas a hablar de aborto, abiertamente, sin espejismos, sin mentiras, ABORTO”, dice Angie. Aborto “con un prisma feminista” que podía aglutinar a sujetos diversos con distintos recorridos y pasajes en los feminismos. Sólo diez días bastaron para organizar la marcha acordada en esa reunión.

El agenciamiento de las organizaciones y de l@s compañer@s fue muy efectivo. Angie Mendoza lo dice así: “Durante esos días de agitación, teníamos la sensación de que la marcha sería importante, que nos unía en la diversidad, que las feministas hablábamos de aborto y podíamos generar un movimiento que perdurara en el tiempo, que más allá de este hito teníamos que organizarnos y sumar a más personas.

La marcha nunca tuvo permiso, sin embargo, abrimos la Alameda, marchamos todas y todos junt@s hasta la catedral… fuimos miles, exigiendo el derecho a decidir por nuestros cuerpos, al aborto seguro, a nuestros derechos sexuales y reproductivos”. Cristeva Cabello, compañero integrante de la CUDS, pone en su testimonio como lugar central la entrada a la Catedral de Santiago. En su narrativa, el contrapunto es radical.

Los feligreses católicos con sus rostros y actitudes consternadas ante el ingreso de lo que nombra como “hordas de feministas que ingresamos a la catedral, sin quererlo, sin planearlo.” Cristeva pone en escena esa invasión, como si ella condensara toda la lucha acumulada de l@s feministas durante décadas en torno a la recuperación de nuestras libertades: “La catedral se volvió un gran coro de voces y gritos, una misa que seguía con miedo y cientos de feministas que gritábamos “asesinos” y “pedófilos”.

Cuando ingresamos yo pensaba que seríamos pocos, que nos echarían luego, pero éramos muchas y muchos adentro, todos cómplices de una ilegalidad, todos cómplices de un momento histórico de desborde social: porque te piden ser ciudadano, pero en Chile nadie entiende y respeta los derechos sexuales y la libertad sexual. Somos ciudadanos de segunda”.

Cada rincón focalizado por Cristeva Cabello representa esa performance viva, una que abre los cuerpos y arroja en ellos esa fuerza y agresividad de la representación. Sólo que esto no era teatro ni ensayo general de una posible teatralización planificada, era improvisación completa de jóvenes, mujeres, niñ@s, demostrando que la acción resulta ser de un potencial ilimitado. Hannah Arendt dice respecto de lo ilimitado de la acción política: “ya que un acto, y a veces una palabra, basta para cambiar cualquier constelación” (Arendt, 214).

Finalmente, Julia Rojas, compañera del colectivo En la punta de la lengua e integrante de Multiversos, comienza su relato narrando el nacimiento de esta iniciativa. Señala que las redes sociales  posibilitaron un primer acercamiento para exponer la idea de hacer algo en conjunto a partir de los casos de las niñas violadas.

Pone énfasis en el hecho positivo de que en esta conjunción pudiéramos coexistir entre feministas y activistas de la disidencia sexual, cuestión de difícil ocurrencia en nuestro país.  Luego, Julia Rojas a partir de la Marcha del 25 -y su apoyo nacional e  internacional-, y de la invasión a la Catedral elabora, posicionada como feminista crítica, disquisiciones reflexivas que amplían el radio del Movimiento y pone a circular interrogantes radicales.

Señala: “¿Qué violencias son las que realmente importan? Claramente la violencia de la iglesia católica que insiste en opinar, entrometerse y hacer lobby para impedir el avance en los derechos de todas las mujeres del país sean o no católicas. Eso no es violencia; la violencia de un parlamento que se niega a legislar incluso cuando el aborto es necesario por razones médicas (feto inviable, salud de la madre, o violación[2]).

Eso no es violencia; la violencia de un estado que reconoce el derecho del que está por nacer, por sobre las vidas de niños, niñas y mujeres empobrecidas debido a la inexistencia de políticas que permitan prevenir y decidir los embarazos en los sectores más pobres de la población. Eso tampoco es violencia”.

Asimismo, Julia Rojas plantea críticamente una estrategia que ha sido usada en innumerables ocasiones, por distintos actores y actrices sociales y políticos, ella es la de situar a “la mujer” como víctima y a partir de ello proponer demandas y reivindicaciones que postulan al aborto “terapéutico” como una solución fundamental. Julia Rojas se interroga respecto de la noción de “terapéutico” sospechando que detrás de este nombre y uso hay un vacío de sentido y un lugar político de corte conservador.

La compañera  se atreve a desafiarnos con su narrativa interrogadora y de este modo la interpreto heredera de la hermenéutica de la sospecha, esa que el feminismo teórico-crítico nos ha donado tan generosamente.

La compañera se extiende en interrogantes y argumentaciones sobre el aborto desde su posicionamiento y su recorrido como activista. Su relato provocador merece más espacio interpretativo del que aquí dispongo para esta intervención.

Quisiera cerrar este recorrido narrativo-político con las palabras de Julia Rojas cuando afirma: “porque somos parte de un feminismo crítico, que no quiere salvar a las mujeres, sino que quiere que ellas se salven a sí mismas de todo lo que no desean para sus vidas: la violencia, un embarazo no deseado, la victimización, entre otros avatares.

Este feminismo que no teme decirse feminista y no tiene miedo de enmarcar al aborto como una práctica política que las mujeres (o los sujetos que no se identifican como mujeres pero que tienen útero[3]) realizan  sobre sus propios cuerpos de manera autónoma. Una práctica que desborda la imagen de la víctima con redes de solidaridad, con información, con emancipación, que traspasa el margen de la norma con o sin permiso; ya sea legal o bien se mantenga en la ilegalidad, aquella que tanto les gusta a la iglesia, a los conservadores, y a todo aquel que gane algo con esa mentada ilegalidad[4].”

Bibliografía

Arendt, Hannah. La condición humana, Barcelona: Paidós, 1998.

Kristeva, Julia. El genio femenino. 1. Hannah Arendt, Buenos Aires: Paidós, 2000.

La revuelta íntima. Literatura y psicoanálisis, Buenos Aires: Eudeba, 2001.

Relatos inéditos de integrantes del Movimiento por el aborto libre, seguro y gratuito: Andrea Parada, Angie Mendoza, Cristeva Cabello y Julia Rojas.

[1]  Sigo a Julia Kristeva en la apertura de esta noción. Por revuelta se entiende una impugnación de las normas, valores y poderes establecidos. “Desde hace más de dos siglos, la revuelta política constituye la versión laica de una negatividad propia de la vida de la conciencia en su intento de permanecer fiel a su lógica profunda. Sinónimo de dignidad, la revuelta es nuestra mística.” (10)

[2] Incluyo la violación en una razón médica porque la violencia sexual afecta no solo físicamente a las mujeres que la viven sino también psicológicamente y por ello una mujer o niña que es obligada a continuar con un embarazo producto de una violación no solo está siendo agredida nuevamente sino que es el mismo estado el que la agrede (en lugar de protegerla) por el solo hecho de negarle la asistencia y el derecho a decidir.

[3] Podemos situar a lesbianas, o a transexuales masculinos en esta categoría. Por ahora!!!.

[4] Me refiero a la ilegalidad del aborto, de las modificaciones corporales, del cambio de sexo, de las drogas, entre otras posibles. Alguien siempre gana con esa ilegalidad.

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