martes, 23 de abril de 2013

Sistema totalitario Mercantil


“Colonización de todos los aspectos de la vida social e íntima”



Como resultado de poner la producción de mercancía y la acumulación de la riqueza en el centro de su accionar a través de décadas  el capitalismo hace cada día más intenso el impacto de la desigualdad en el mundo, en nuestros países  lugares de trabajo, centros de estudios, en nuestros barrios y hogares, en nuestras vidas, y por consecuencia en nuestros propios cuerpos, colonizando todos los espacios de nuestra vida, expropiando nuestros bienes comunes, convirtiendo todo en mercancía; el agua, la tierra, los pueblos, la biodiversidad, la justicia.

Para dar continuidad a este capitalismo salvaje…hay que producir…producir…y producir, vivir para trabajar a costa del agotamiento de los recursos naturales, la contaminación del medio ambiente, la depredación sin límites de todo lo que nos entrega la naturaleza y la distribución altamente desigual de los recursos materiales y sociales. Se trata de un sistema deshumanizado, que limita cada vez más nuestros derechos fundamentales, nuestro buen vivir, nuestra alimentación sana, nuestra vida en comunidad, nuestra identidad y cultura, nuestros afectos y nuestras relaciones con otras y otros, en definitiva, nuestra libertad.

La alimentación por ejemplo, se encuentra actualmente en poder de grandes empresas transnacionales que nos proveen de alimentos intervenidos genéticamente en los laboratorios para producir a gran escala y generar ganancias desmedidas, cuyo fin principal es el lucro y que va en contra de la agricultura campesina local, condenada a su fin. En esta cadena alimentaria han surgido grandes locales de comida rápida (chatarra) en que las consecuencias para la salud de cientos de niños y niñas son la obesidad y los problemas digestivos en los adultos, sin causa determinada.

Cuando logramos insertarnos en el trabajo, tenemos que trabajar cada vez más para sobrevivir a este sistema. Y las condiciones laborales son cada vez más precarias: sin estabilidad laboral, con contratos a corto plazo (si es que los hay), sin prestaciones de salud y seguridad social, con la incertidumbre del futuro, con tiempos de traslado que cada día van desgastando más nuestra vida y nuestros tiempos de ocio.

El trabajo es visto como mercancía y el ocio como pérdida de tiempo. Se nos prohíbe pensar, tachando dicha práctica de flojera, todo para que no sospechemos que nos joden día a día y que este sistema es tan absurdo que basta con un minuto de cuestionamiento para querer derribarlo. Pero cuando estamos pensando en ello suena la campana y debemos volver a producir y en ese trance se nos despoja del preciado bien de la rebeldía y mirando a nuestros pares enajenados en la producción, nos sentimos solos y olvidamos que la unión es el gran motor de transformación.

Los salarios no alcanzan para satisfacer las necesidades de alimentación  transporte, vivienda y vestuario de miles de familias trabajadoras. Constantemente suben los costos de alimentos y tenemos que endeudarnos de por vida para poder consumir lo básico para vivir. Mientras vemos como día a día las economías crecen.

En el tema de la salud, las Isapres con sus cobros diferenciados y millonarias divisas para sus empresarios  nos afectan muy especialmente a nosotras las mujeres  sobre todo en la etapa de la fertilidad, por la cual se nos castiga con un cobro excesivo, en lo que las organizaciones sociales han llamado de forma simbólica”el impuesto al útero”: valor anexo a los cobros de prestaciones de salud por el hecho de ser mujeres y estar en etapa reproductiva. Y para cuando dejamos de ser reproductivas, la misma Isapre nos da la carta de despido pues estamos en riesgo vital y no hay planes baratos para nuestras enfermedades (o posibles enfermedades) de la vejez.

Este brutal modelo de dominación capitalista y patriarcal nos suma un desgaste adicional en la vida de las mujeres, ya que cada vez es más la recarga y mayores las responsabilidades al ser muchas veces las únicas encargadas de la subsistencia de la vida humana, de los cuidados y de la reproducción de la vida, porque a pesar de los grandes adelantos tecnológicos y productivos, la multiplicidad de roles nos exige mucho más trabajo y tiempo, por lo que la conciliación familiar y laboral se complejiza  Muchas veces las mujeres deben renunciar a la maternidad por la inexistencia de políticas que permitan compatibilizarla con empleos donde poder desarrollarnos, o al menos no ser despedidas por el hecho de elegir ser madres trabajadoras.

En este sentido las mujeres somos el colectivo más perjudicado por la disminución de prestaciones y salarios; presentamos peor situación y pronostico, por tener pensiones y salarios más bajos y por ser, mayoritaria e históricamente – producto del sistema de dominación patriarcal-, las responsables de cuidar a las personas dependientes. Al estar invisibilizado el trabajo de cuidados, no existen recursos destinados a la atención de las personas en situación de dependencia, lo que va a perjudicar gravemente a las mujeres que ejercen de cuidadoras de la familia y a las trabajadoras de este sector.

Hoy  la enajenación,  el control y la influencia que tienen los diversos medios de comunicación es brutal, influyen en nuestras conciencias, reproduciendo y difundiendo la economía mercantil, incitando al consumo como único medio de inserción y aceptación social, reproducen la socialización patriarcal desigual entre hombres y mujeres, criminalizan las acciones de los diferentes movimientos sociales y legitiman el uso de la violencia policial como herramienta de control y seguridad.

Por su parte, la educación continúa en manos del mercado. A pesar de las grandes luchas lideradas por los y las estudiantes desde el año 2011, seguimos con una deficiente educación municipal y con una cantidad de profesionales egresados endeudados y deudores de la empresa privada y la banca nacional.

Todo lo anterior nos lleva a entender que las luchas separadas por sector, son débiles  se agotan. Las luchas conjuntas, de todo un pueblo son un motor, son fuerza, son efectivamente transformación  Debemos dejar de ver este orden como piezas separadas de un engranaje inconexo y comenzar a palpar que las demandas populares encajan, que unas llevan a las otras y que seguir peleando separados solo nos lleva al fracaso.

Todas las situaciones de nuestra vida cotidiana y privada están condicionadas por este sistema totalitario y mercantil en el que nos encontramos y que nos afecta a todas y todos colonizando todos los ámbitos de nuestra vida. Por eso es importante entender que la lucha de cada una/o es anti sistémica y de resistencia frente al modelo y al mundo en que actualmente vivimos.

Tenemos que volver a recuperar y ejercer nuestra autonomía y recuperarnos a nosotras, a nuestro activismo como sujetas políticas y económicas, y comenzar a visibilizar nuestra presencia en todas las actividades, no solo en la producción de la vida, sino también en la economía de subsistencia, en la política y en la sustentabilidad de la vida humana.

Así también aportamos a la construcción de un modelo alternativo, que se resiste a las determinaciones del mercado y defiende una visión del desarrollo que no privilegie la acumulación del capital y que termine con la concentración de la riqueza.

Un feminismo anticapitalista y antineoliberal, que se caracteriza por una lucha constante de recuperación de la libertad y soberanía de la tierra, agua, biodiversidad, y por supuesto para nuestros cuerpos es nuestra urgencia. En resistencia ante esta colonización, y siendo parte de los movimientos sociales, vamos reforzando y fortaleciendo alianzas y alternativas para un mundo más justo e igualitario.

Pía Barrios. MMM-Chile
Trabajadora Social Universidad ARCIS 

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