viernes, 10 de mayo de 2013

La cumbre de los pueblos, Rio +20 y la nueva estrategia de las corporaciones: la economía verde.



En el mes de junio (2012) en la cuidad de Rio de Janeiro, Brasil, se realizaron de manera simultánea dos grandes e importantes encuentros, ambas conocidos como Rio+20 aunque sin lugar a dudas diametralmente diferentes. Por una parte la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra) en la que participaron los jefes de Estado, y por otra, su contra parte ciudadana, La Cumbre de los Pueblos, donde se hicieron presentes por miles, comunidades, organizaciones y personas provenientes de todo el mundo.



La ONU, en esta oportunidad conmemoro el aniversario número 20 de su primera conferencia, llamada Cumbre de la Tierra, y realizada también en Rio de Janeiro. En esa ocasión se instala el concepto de “desarrollo sustentable”, mientras que el sector corporativo se presenta como l salvador del mundo defendiendo su postura sobre ambientalismo corporativo y responsabilidad social empresarial (RSE). Así, la Cumbre de la tierra lo que hace es apoyar al modelo capitalista desde la crisis social y ambiental que el mismo capitalismo había provocado.

De esta forma, lo que ha venido ocurriendo es una creciente cooptación corporativa del proceso de Naciones Unidas, y de hecho la nueva propuesta emanada de Rio+20 es la llamada “Economía Verde”, que no solo cuestiona el actual modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico y extractivismo (causas fundamentales del problema), sino que además plantea e intensifica la creación de instrumentos de gestión orientados a satisfacer intereses corporativos. El elemento clave de la economía verde no es otro que la valorización económica  la transabilidad de la naturaleza y de los servicios que esta nos ofrece.

El grupo de articulación internacional de la Cumbre de los Pueblos señalo en su documento de posición “Lo que está en juego en Rio+20” que la economía verde “es otra fase del proceso de acumulación capitalista. Nada en la “economía verde” cuestiona o sustituye la economía basada en el extractivismo y los combustibles fósiles, ni sus patrones de consumo y producción industrial, sino que extiende la economía explotadora de la gente y el ambiente a nuevos ámbitos, alimentando el mito de que es posible un crecimiento económico infinito”

Así mismo, la Marcha Mundial de las Mujeres Brasil, que participo en esta articulación, señalo que “Posicionamos el feminismo desde el campo de la crítica a las falsas soluciones a la crisis ambiental y para afirmar que el nuevo discurso del capitalismo, que hoy se traduce bajo el término “economía verde”, es el mismo modelo de mercado que mercantiliza nuestra vida, nuestros cuerpos y nuestros territorios”.

Silvia Ribeiro del Grupo ETC, por otra parte señala que la economía verde “podría ser clave para un reordenamiento discursivo y geopolítico global, consolidando nuevos mercados financieros con la naturaleza y más control oligopólico de los recursos naturales, legitimando nuevas tecnologías de alto riesgo y creando las bases de una nueva estructura de gobernanza ambiental global que facilite el avance de una economía verde de enclave empresarial”.

En el documento denominado ¿Quién controlara la economía verde? del grupo ETC se definen claramente el problema, el impacto, los actores y la política de este panorama:}

El problema: dice ETC, tiene su base en la idea de sustituir la extracción de petróleo con la explotación de la biomasa, que son cultivos alimentarios, textiles, pastos, residuos forestales, aceites vegetales, algas, etc. Los promotores ven un futuro post-petrolero, en el que la producción industrial de plásticos, sustancias químicas, combustibles, fármacos, energía, etc., dejaran de depender de los combustibles fósiles, para derivarlos de materias primas biológicas transformadas mediante plataformas de alta tecnología basadas en la bioingeniería. Muchas de las más grandes corporaciones y de los gobiernos más poderosos alaban el uso de las nuevas tecnologías –incluyendo la genómica, la nanotecnología y la biología sintética-, para la transformación de la biomasa en productos de alto valor.

El impacto: Los mayores depósitos de biomasa terrestre y acuática están ubicados en el sur global y son custodiados principalmente por agricultores campesinos, pastores, pescadores y comunidades forestales, cuyas vidas dependen de ellos. El grupo ETC advierte que la bioeconomía propiciara una mayor convergencia del poder corporativo y desatara el mayor acaparamiento de recursos visto en más de 500 años. Los “amos de la biomasa” corporativos están en condiciones de mercantilizar la naturaleza en escala sin precedentes, destruyendo la biodiversidad y desplazando a los pueblos marginados.

Los actores: la competencia por la apropiación de la biomasa y de las plataformas tecnológicas para transformarla, fomenta la creación de nuevas alianzas y constelaciones de poder empresarial. Los principales actores incluyen a las grandes empresas de energía: Exxon, BP, Chevron, Shell, Total; a las grandes empresas farmacéuticas: Roche, Merck; las grandes empresas agroindustriales: Unilever, Cargill, Dupont, Monsanto, Bunge, Procter&Gamble y las principales compañías químicas: Dow, Dupont, BASF, así como el sector militar más poderoso (Estados Unidos).

La política: en medio del caos climático, las catástrofes financieras, ecológicas y las hambrunas, los gobiernos en la Cumbre de Rio+20, están ansiosos por dar la bienvenida a una transformación tecnológica (verde o de cualquier color) que les ofrezca un conveniente Plan B, para el planeta. Y si la ruta usual de los negocios, ya no es opción, la gobernanza de siempre tampoco lo es. Dice ETC que se requieren modelos económicos más sustentables social y ecológicamente para salvaguardad la integridad de los sistemas planetarios para nuestras futuras generaciones. Deben crearse nuevos mecanismos antimonopolios (actualmente inexistentes), que de un modo innovador y con autoridad frenen el poder corporativo.

Lo más irónico es que al documento-declaración oficial de Rio+20 ONU se le ha llamado “el futuro que queremos”… pero sabemos que no refleja en lo más mínimo el sentir del pueblo.  Ni sus preocupaciones, ni sus experiencias, ni sus ideas, ni sus propuestas de solución reales han sido consideradas en este proceso que se supone debe considerar la participación de todos/as.

Las organizaciones en cambio, los grupos ambientalistas, las y los campesinos, las mujeres organizadas, etc., presentes en la “Cumbre de los Pueblos” se han declarado por la Justicia Social y Ambiental, la defensa de los bienes comunes y en contra de la mercantilización de la vida y de la naturaleza. La propuesta fundamental es una nueva forma de vida en el planeta, en solidaridad.


Luego de ocho días de arduo trabajo, de una gran cantidad de espacios de debate y reflexión en una diversidad de materias, de marchas y movilizaciones llenas de colorido y sentido, de encuentros entre las culturas, las razas, los pueblos, etc. La Cumbre de los Pueblos emitió su declaración final. 

Como fruto de un trabajo serio y consciente, y un esfuerzo metodológico que facilito la expresión de todos/as, las principales instancias de intercambio (plenarias de convergencia): Derechos, Justicia Social y Ambiental; en defensa de los bienes comunes y contra la mercantilización; Soberanía Alimentaria; Energía e industrias extractivas; Trabajo: por una y otra economía y nuevos paradigmas de sociedad; permitieron la reflexión en torno a las nuevas causas estructurales, las falsas soluciones y las soluciones de los pueblos frente a la crisis, y la obtención de una agenda de lucha común.


Declaración final de la cumbre de los pueblos


Movimientos sociales y populares, sindicatos, pueblos, organizaciones de la sociedad civil y ambientalistas de todo el mundo presentes en la Cumbre de los Pueblos en la Rio+20 por la Justicia social y Ambiental, vivenciaron en los campamentos, en las movilizaciones masivas, en los debates, la construcción de convergencias y alternativas consistentes en que somos sujetos de otra relación entre humanos y humanas y entre la humanidad y la naturaleza, asumiendo el desafío urgente de frenar la nueva fase de recomposición del capitalismo y de construir, a través de nuestras luchas, nuevos paradigmas de sociedad.


La Cumbre de los Pueblos es el momento simbólico de un nuevo ciclo en la trayectoria de luchas globales,  que produce nuevas convergencias entre movimientos de mujeres, indígenas, negros, juventudes, agricultores/as familiares y campesinos, trabajadores/as, pueblos y comunidades tradicionales, quilombolas, luchadores por el derecho a la cuidad, y religiones de todo el mundo. Las asambleas, movilizaciones y la gran Marcha de los Pueblos fueron los momentos de expresión máxima de estas convergencias.

Las instituciones financieras multilaterales, las coaliciones al servicio del sistema financiero, como el G8/G20, la captura corporativa de la ONU y la mayoría de los gobiernos demostraron irresponsabilidad para con el futuro de la humanidad y del planeta y promovieron los intereses de las corporaciones en la conferencia oficial. En contraste con esto, la vitalidad y la fuerza de las movilizaciones y de los debates en la Cumbre de los Pueblos fortalecieron nuestra convicción de que solo el pueblo organizado y movilizado puede liberar al mundo del control de las corporaciones y del capital financiero.

Hace veinte años del Forum Global, también realizado en el Aterro do Flamengo, denuncio los riesgos que corrían la humanidad y la naturaleza con la privatización y el neoliberalismo. Hoy afirmamos que, además de confirmar nuestro análisis, ocurrieron retrocesos significativos en relación con los derechos humanos ya reconocidos. La Rio+20 repite el fallido itinerario de falsas soluciones defendidas por los mismos actores que provocaron la crisis global. A medida que esa crisis se profundiza, más avanzan las corporaciones contra los derechos de los pueblos, la democracia y la naturaleza, secuestrando los bienes comunes de la humanidad para salvar al sistema económico-financiero.

Las múltiples voces y fuerzas que convergen en torno de la Cumbre de los Pueblos denuncian la verdadera causa estructural de la crisis global: el sistema capitalista patriarcal, racista y homofóbico.

Las corporaciones transnacionales continúan cometiendo delitos con la sistémica violación de los derechos de los pueblos y de la naturaleza con total impunidad. De la misma forma, avanzan sus intereses a través de la militarización, de la criminalización de los modos de vida de los pueblos y de los movimientos sociales promoviendo la desterritorialización en el campo y en la cuidad.

De la misma manera, denunciamos la deuda ambiental histórica que afecta mayormente a los pueblos oprimidos del mundo, y que debe ser asumida por los países altamente industrializados, los cuales, al fin y al cabo, fueron los que provocaron las múltiples crisis que vivimos en la actualidad.

El capitalismo también lleva a la pérdida del control social, democrático y comunitario sobre recursos naturales y servicios estratégicos, que continúan siendo privatizados, convirtiendo derechos en mercaderías y limitando el acceso de los pueblos a los bienes y servicios necesarios para la supervivencia.

La llamada “economía verde” es una de las expresiones de la actual fase financiera del capitalismo que también utiliza viejos y nuevos mecanismos, tales como la profundización del endeudamiento público-privado, el estímulo excesivo al consumo, la apropiación y concentración de las nuevas tecnologías, los mercados de carbono y la biodiversidad, la apropiación ilegal y la extranjerización de tierras y las asociaciones Publio-privadas, entre otros.

Las alternativas están en nuestros pueblos, nuestra historia, nuestras costumbres, conocimientos, prácticas y sistemas productivos, que debemos mantener, revalorizar y ganar en escala como proyecto contrahegemónico y transformador.

La defensa de los espacios públicos en las ciudades, con gestión democrática y participación popular, la economía cooperativa y solidaria, la soberanía alimentaria, un nuevo paradigma de producción, distribución y consumo, el cambio de la matriz energética, son ejemplos de alternativas reales frente al actual sistema agro-urbano-industrial.

La defensa de los bienes comunes pasa por la garantía de una serie de derechos humanos y de la naturaleza, por la solidaridad y respeto a las cosmovisiones y creencias de los diferentes pueblos, como, por ejemplo, la defensa del “Buen Vivir” como forma de existir en armonía con la naturaleza, lo que presupone una transición justa, a ser construida con los/las trabajadores/as y los pueblos.

Exigimos una transición justa que supone la ampliación del concepto de trabajo, el reconocimiento del trabajo de las mujeres y un equilibrio entre la producción y reproducción, para que esta no sea una atribución exclusiva de las mujeres. Esta transición pasa además por la libertad de organización y el derecho a la contratación colectiva, así como por el establecimiento de una amplia red de seguridad y protección social, entendida como un derecho humano, así como de políticas públicas que garanticen formas de trabajo decentes.

Afirmamos el feminismo como instrumento de la construcción de la igualdad, la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos y sexualidad y el derecho a una vida libre de violencia. De la misma forma reafirmamos la urgencia de la distribución de la riqueza y del ingreso, del combate al racismo y al etnocidio, de la garantía del derecho a la tierra y al territorio, del derecho a la cuidad, al medio ambiente y al agua, a la educación, la cultura, la libertad de expresión y la democratización de los medios de comunicación.

El fortalecimiento de diversas economías locales y de los derechos territoriales garantiza la construcción comunitaria de economías más vibrantes. Estas economías locales proporcionan medios de vida sustentables locales, la solidaridad comunitaria, componentes vitales de la resiliencia de los ecosistemas. La diversidad de la naturaleza y su diversidad cultural asociada es fundamento para un nuevo paradigma de sociedad.

Los pueblos quieren determinar para qué y para quienes se destinan los bienes comunes y energéticos, además de asumir el control popular y democrático de su producción. Un nuevo modelo energético que esté basado en energías renovables descentralizadas y que garantice energía a la población y no para las corporaciones.

La transformación social exige convergencias de acciones, articulaciones y agendas a partir de las resistencias y alternativas contrahegemonicas al sistema capitalista que están en curso den todos los rincones del planeta. Los procesos sociales acumulados por las organizaciones y movimientos sociales que convergieron en la Cumbre de los Pueblos indicaron los siguientes ejes de lucha:

- Contra la militarización de los Estados y territorios;
- Contra la criminalización de las organizaciones y movimientos sociales;
- Contra la violencia contra las mujeres;
- Contra la violencia a lésbicas, gays, bisexuales, transexuales y transgeneros;
- Contra las grandes corporaciones;
- Contra la imposición del pago de deudas económicas injustas y por auditorias populares de las mismas;
- Por la garantía del derecho de los pueblos a la tierra y al territorio urbano y rural;
- Por la consulta y consentimiento libre, previo e informado, basado en los principios de la buena fe y del efecto vinculante, según la Convención 169 de la OIT;
- Por la soberanía alimentaria y alimentos saludables, contra agrotoxicos y transgénicos;
- Por la garantía y conquista de derechos;
- Por la solidaridad con los pueblos y países, principalmente los amenazados por golpes militares o institucionales, como está ocurriendo ahora en Paraguay;
- Por la soberanía de los pueblos en el control de los bienes comunes, contra las tentativas de mercantilización;
- Por el cambio de la matriz y el modelo energético vigente;
- Por la democratización de los medios de comunicación; 
- Por el reconocimiento de la deuda historia social y ecológica;
- Por la construcción del Día mundial de huelga general.


Volvamos a nuestros territorios, regiones y países estimulados para construir las convergencias necesarias para seguir en la lucha, resistiendo y avanzando contra el sistema capitalista y sus viejas y renovadas formas de reproducción.


¡De pie, continuamos en la lucha!


Por Mafalda Galdames, MMM-Chile

Revista Ceres, Invierno 2012

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Diseño original por emerge y Sadaf F K.
Sitio Web por ZOEK