sábado, 5 de mayo de 2012

Violencia contra las mujeres

La raíz de la violencia contra las mujeres es la discriminación que sufren en la sociedad.

Las mujeres trabajan en la agricultura tanto o más que sus compañeros, pero aún así, muchas veces los hombres se quedan con el dinero y deciden cómo gastarlo, o en muchos casos son ellos los únicos que participan en las instancias asociativas. Existen costumbres o tradiciones que niegan a las mujeres el derecho a la tierra. Las mujeres a menudo son excluidas de los procesos de toma de decisiones relativos al uso de la tierra, el agua y otros recursos. Aún hoy muchas familias no permiten que sus hijas continúen estudiando, y el analfabetismo es elevado entre las mujeres de las zonas rurales. Esta situación es alimentada por prejuicios, como por ejemplo, de que las mujeres son más frágiles y dependen de los hombres.

La violencia contra las mujeres es una forma extrema de perpetuar ese sistema de discriminación. La violencia adquiere varias formas, como por ejemplo, ataques con ácido, mutilación genital femenina, tráfico de mujeres, feminicidio, esclavitud sexual, preferencia por los hijos varones, casamiento forzado, entre otras formas físicas, sexuales o psicológicas.

La violencia contra las mujeres es perpetuada a través del silencio, la impunidad y de argumentos que culpabilizan a la víctima, como por ejemplo, castigar a la mujer por no comportarse bien, por no estar en el lugar adecuado, o por provocar la violencia.

Actualmente asistimos a un retorno de antiguas formas de violencia contra las mujeres y a un fortalecimiento de nuevas formas. Por ejemplo, cuando las empresas transnacionales se apropian de la tierra para la expansión de los monocultivos, las familias campesinas son expulsadas y las mujeres quedan más vulnerables porque ya no pueden asegurar su alimento y el de sus familias. En muchos casos ellas se ven obligadas a migrar y a encontrar empleos precarios sin derechos y en condiciones de explotación.

Los monocultivos en general sólo demandan trabajo asalariado por períodos breves durante el año, obligando a que las mujeres tengan que recurrir a la prostitución para sobrevivir el resto del año (conocida como prostitución zafral en las áreas rurales). Los grandes proyectos de minería y la presencia de bases militares destruyen el medioambiente e incentivan relaciones desiguales de género dentro de las comunidades. Por ejemplo, la prostitución se convierte en una de las únicas formas de ganar dinero para las mujeres.

Nosotras somos además testigo de una creciente difusión de interpretaciones religiosas que no favorecen los derechos de las mujeres. La religión es manipulada de forma tal que provoca conflictos entre las comunidades y el aumento de la violencia. La violencia sexual y las violaciones son cada vez más usadas como armas de guerra contra las mujeres luchadoras en el marco de una creciente criminalización de la lucha social.

Queda aún mucho por hacer, pero nosotras percibimos que existe una mayor conciencia entre las mujeres y un debate más amplio sobre la violencia contra las mujeres como un problema del conjunto de la sociedad. Crecientemente se avanza hacia un derecho de familia más justo, y en leyes de prevención y de lucha contra la violencia contra las mujeres, así como en la prestación de servicios para las mujeres en las áreas jurídica, médica, social y económica, ya sea a cargo del Estado o de las ONG. Sin embargo, estos avances son menos visibles en las zonas rurales.

Estrategias:
- Continuar realizando talleres y mejorarlos, con métodos de educación popular, y aumentar la comunicación escrita y por otros medios, como por ejemplo programas radiales, folletos, etc, en los idiomas locales, sobre los derechos de las mujeres y cómo combatir la violencia contra las mujeres.

- Fortalecer las iniciativas económicas de las mujeres a fin de reducir su vulnerabilidad en todas las situaciones de abuso y violencia.

- Expresar nuestra solidaridad con las mujeres y grupos de mujeres que exigen castigo para los perpetradores de violencia contra las mujeres y el desmantelamiento de las mafias de tráfico de mujeres.

- Continuar fortaleciendo nuestra acción política para que sean respetadas las leyes pertinentes y las demandas de servicios de apoyo a las víctimas, especialmente en las áreas rurales. Intercambiar información y experiencias de buenas prácticas en materia de prevención y justicia frente a la violencia contra las mujeres.

- Fortalecer nuestra lucha contra la militarización de nuestras sociedades, especialmente contra la presencia de bases militares estadounidenses y tropas de ocupación, y contra el uso de la violencia contra las mujeres como un arma de guerra, y de los cuerpos de las mujeres como botín de guerra.

- Profundizar el debate entre nuestros tres movimientos sobre la relación existente entre el patriarcado y el capitalismo. El debate servirá para mejorar nuestras acciones comunes contra la OMC, las transnacionales, y la explotación del trabajo y la naturaleza.

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